Disciplina y excomunión:
Una nueva guía para el mormón gay y la mormona lesbiana


Por T. Robert Axelson y L. Paul Mortensen
Con especial agradecimiento al Capítulo de Los Ángeles de Afirmación: Mormones Gays y Mormonas Lesbianas, por su ayuda y cooperación.
Diciembre de 1983
Versión española revisada en setiembre de 2005

Introducción
Excomunión versus quitar tu nombre del registro
La disciplina informal
La disciplina formal
Preparación para el consejo disciplinario
La mecánica del consejo disciplinario
Lo que la excomunión realmente significa
Palabras de cierre


Introducción

En esta época en que la mayoría de las iglesias cristianas están abandonado antiguas prácticas disciplinarias, la Iglesia Mormona continúa utilizando la excomunión para amenazar, controlar, disciplinar y expulsar a sus miembros. A comienzos de los años '90 la Iglesia Mormona estableció además un sistema de disciplina informal que le permite a los obispos controlar los aspectos más íntimos de la vida de los miembros. Sin embargo, las normas sobre excomunión son confidenciales, de manera que los miembros no saben cuáles son sus derechos y privilegios.

Los gays y las lesbianas, en especial, corren riesgo de ser sometidos a prácticas disciplinarias. Así es que en Afirmación: Mormones Gays y Mormonas Lesbianas, hemos preparado esa nueva guía, que reemplaza la antigua guía Todo Acerca de la Excomunión e incorpora los cambios que se le hicieron en 1998 al Manual de Instrucciones de la Iglesia. Si llegara el día en que un líder de la Iglesia intentara disciplinarte o excomulgarte, queremos que estés preparado o preparada y puedas tomar decisiones inteligentes. Sobre todo, queremos que puedas convertir ese acto de abuso en una oportunidad de crecer y de enseñarle algo a tus líderes.

Algunos líderes de la Iglesia quieren que creas que al excomulgarte te lo están quitando todo. La verdad es que sólo te pueden quitar lo que tú les permitas que te quiten. Los líderes no pueden quitarte tu espiritualidad, tu testimonio, ni tu salvación. Hay muchos mormones gays y mormonas lesbianas que han pasado por esto antes, y han sobrevivido. Han prosperado. Se han convertido en mejores cristianos. Si te sintieras abandonado, o si quisieras hablar acerca de este tema con otro que ha pasado por la experiencia, te invitamos a ponerte en contacto con Afirmación y ellos te contactarán con alguien que pueda ayudarte.

Excomunión versus quitar tu nombre del registro

En la práctica, la mayoría de los mormones gays y mormonas lesbianas se inactivan y se mudan hasta que la Iglesia les pierde el rastro o deja de interesarse en ellos. Hay además un número creciente de mormones que voluntariamente quitan sus nombres de los registros de la Iglesia. Aunque solicitar que quiten tu nombre de los registros podría ser causa de excomunión, muchos obispos están dispuestos a quitar los nombres de los gays y de las lesbianas de los registros sin causarles dificultades, especialmente si no hay clara evidencia de homosexualidad cuando el miembro hace el pedido. Una vez que quites tu nombre de los registros, la Iglesia nunca podrá volver a investigarte o castigarte.

Sin embargo, hay muchos mormones gays y mormonas lesbianas que eligen permanecer en los registros de la Iglesia. Muchos de ellos están orgullosos de ser mormones, y no ven motivo para disociarse de la Iglesia. Algunos están activos, otro semi-activos, y otros inactivos. Algunos son célibes y otros son sexualmente activos. Algunos están viviendo con su pareja en una relación monógama. En algunos casos, los obispos saben que tienen miembros gays y lesbianas en sus barrios y prefieren hacer la vista gorda. Pero de acuerdo con el Manual de Instrucciones de la Iglesia de 1998, la homosexualidad es “una transgresión seria” y los gays y las lesbianas que están sexualmente activos deben ser disciplinados.

La disciplina informal

Si eres gay o lesbiana y tu obispo lo sabe, es posible que ya te hayas enfrentado con el sistema de disciplina informal de la Iglesia. Bajo este sistema, el obispo puede indicarte que dejes de participar de la santa cena, tener un llamamiento, usar el sacerdocio, y entrar al templo. Este sistema le permite a un obispo castigar a los miembros sin someterlos a un “consejo disciplinario” (un tribunal eclesiástico). De acuerdo con las normas de la Iglesia, un obispo puede disciplinar a una persona que hace una confesión voluntaria, que comete la falta por primera vez, que no viola con su transgresión los convenios del templo, y aquellos casos que incluyen circunstancias atenuantes.

En el caso de los gays y las lesbianas, la disciplina informal funciona solamente con aquellos que desean abandonar la homosexualidad. Mediante un programa de entrevistas frecuentes, el obispo intentará controlar los aspectos más íntimos y personales de tu vida. Tal vez te pregunte si te masturbas, si tienes fantasías homoeróticas, o si eres sexualmente activo. Tal vez exija que te participes de algún grupo de apoyo para gays o lesbianas que están tratando de reformarse, tales como los de Evergreen. Lo que es todavía peor, es posible que te exija que te sometas a alguna forma de "terapia reparativa". Algunos obispos incluso te ofrecerán pagar por tu supuesto "tratamiento".

Te rogamos que tengas mucho cuidado de someterte a cualquier forma de terapia que afirme que la homosexualidad es un trastorno psicológico. La Asociación Americana de Psicólogos ha declarado con toda claridad que “la homosexualidad no es una enfermedad. No requiere tratamiento y no se la puede cambiar” (declaración publicada por la Asociación Americana de Psicólogos en julio de 1998). Te advertimos que tengas mucho cuidado de someterte a formas de supuesta "terapia" que podrían dañar tu bienestar social, emocional y espiritual. También te aconsejamos que te cuides de grupos que dicen que la homosexualidad es un pecado que debes abandonar. Al igual que la Asociación Americana de Psicólogos y otras organizaciones profesionales, Afirmación declara que todos los gays y lesbianas pueden lograr salud y bienestar si se aceptan tal como son.

La disciplina formal

La Iglesia instruye a los líderes a que distingan entre sentir atracción por el mismo sexo y practicar la homosexualidad. No pueden hacerte un tribunal por el mero hecho de sentirte atraído o atraída hacia una persona de tu mismo sexo. Si tu obispo sabe que tú te limitas a sentir atracción por tu mismo sexo, es probable que realice un programa de entrevistas personales contigo, o sea, que aplique el sistema de disciplina informal. Pero si has recibido las investiduras del templo y eres sexualmente activo con alguien que no es tu esposa o tu esposo, se considera que estás cometiendo una seria transgresión y que se te debe someter a la disciplina más rígida. Generalmente, esto resulta en la excomunión.

El sistema de disciplina informal lo administra el obispo solo. La disciplina formal, en cambio, se administra con unos tribunales eclesiásticos llamados consejos disciplinarios. Cuando el acusado es una mujer o un poseedor del Sacerdocio Aarónico, a los tribunales generalmente los convoca y los preside un obispo. Si el acusado es un poseedor del Sacerdocio de Melquisedec, el caso se tramita en un tribunal disciplinario de estaca y lo preside el presidente de estaca. Los consejos de barrio los compone el obispo y sus consejeros. Los consejos de estaca lo compone el presidente de estaca, sus dos consejeros, y los miembros del sumo consejo.

Muchas situaciones pueden provocar un consejo disciplinario, incluyendo una acusación que alguien haga contra ti, una investigación realizada por tu obispo o presidente de estaca, o tu propia admisión. De acuerdo con el Manual de Instrucciones de la Iglesia, tu propia admisión no puede ser usada como evidencia en tu contra en ningún consejo disciplinario, a menos que tú consientas en que se la utilice. Sin embargo, si tú haces una admisión, los líderes sí pueden convocar a un consejo disciplinario en contra tuya basándose en cualquier otra evidencia. Cuando toman cualquier decisión con respecto a un consejo disciplinario, se supone que los líderes deben tomar un cuenta varios factores, incluyendo si el miembro ha pasado o no por el templo, la posición del miembro en la Iglesia, y la edad, madurez, y experiencia del miembro.

Preparación para el consejo disciplinario

Si un líder de la Iglesia convoca un consejo disciplinario en tu contra, recibirás una carta que diga la fecha, hora y lugar donde se reunirá el consejo. La carta debe ser entregada personalmente y en privado, con cortesía y dignidad. Si no la pueden entregar en persona, debe enviarla por correo certificado con aviso de retorno. La carta incluirá una acusación en términos muy vagos, sin dar ningún detalle de la evidencia que haya en tu contra.

Si tú objetaras la participación en el consejo de algún consejero de obispado o de presidencia de estaca, el oficial que preside deberá evaluar tu objeción. Si objetaras la participación del obispo, el asunto lo debe decidir el presidente de estaca. Si objetaras la participación del presidente de estaca, el mismo debe consultar con la Oficina de la Primera Presidencia.

Para prepararte para el consejo disciplinario, tú puedes escribir una declaración o una respuesta, reunir evidencia a tu favor, y convocar tus propios testigos. Si tus testigos no son miembros de la Iglesia, el oficial que preside debe determinar por anticipado que los mismos respetarán los propósitos y los procedimientos del tribunal.

La mecánica del consejo disciplinario

La reunión empieza sin ti. El oficial que preside le dirá al consejo cual es la acusación. Entonces te invitan a entrar y te presentan. El consejo empieza con una oración. El oficial que preside, o alguien que él designe, declara la acusación y te pide que la admitas o la niegues. Si niegas la acusación, entonces ellos presentarán la evidencia en tu contra, que puede incluir declaraciones escritas u orales de testigos, documentos confiables y, si has hecho una admisión y dado permiso para que se utilice, tu propia admisión. Si ellos traen testigos, tú tienes el derecho de hacerles preguntas. Cualquier miembro del consejo puede hacerte preguntas a ti o a los testigos, pero las preguntas deben ser breves, relevantes al caso, y deben hacerse con cortesía.

Entonces tú presentas tu respuesta. Tienes el derecho de traer tus propios testigos, uno por uno, presentar otra evidencia que sea relevante al caso, y hacer cualquier otra declaración que consideres oportuna. Si eres sexualmente activo y lo admites desde el principio, entonces es probable que el consejo disciplinario termine en unos pocos minutos.

Además, tú tienes el derecho de negarte a responder a ciertas preguntas. Muchos miembros de Afirmación admitimos de buena gana que somos gays o lesbianas. Pero además creemos que la sexualidad es una cuestión sagrada, un asunto personal y privado, y por lo tanto consideramos inapropiado que el tribunal nos haga preguntas sobre nuestra vida sexual, de la misma manera que sería inapropiado que nosotros le hagamos preguntas a los miembros del consejo sobre la vida sexual de ellos.

Cuando se han presentado todas las cuestiones relevantes al caso, te van a pedir que salgas del cuarto. Entonces el oficial que preside, sus consejeros, y el sumo consejo deliberan sobre qué acción tomar. Puede ser que tomen la decisión de inmediato o que levanten la sesión para buscar evidencia adicional. Si tú les declaras que practicas la homosexualidad y que no tienes intención de cambiar, lo mas probable es que tomen la decisión de inmediato.

Hay cuatro decisiones que el consejo disciplinario puede tomar: No actuar (es decir, "absolverte"), ponerte en probación formal, suspenderte, o excomulgarte. Si solamente te ponen en probación formal o te suspenden, pondrán restricciones sobre algunos o sobre todos tus privilegios como miembro de la Iglesia, pero con la intención de que sean medida temporarias. Te indicarán una lista de cosas que debes hacer, tales como alejarte de todos tus amigos gays, tus amigas lesbianas, o iniciar terapia para "cambiar" tu orientación. Si deciden excomulgarte, es porque consideran que tu "transgresión" es muy seria y no ven que tengas intención de cambiar.

Una vez tomada la decisión, te invitarán otra vez al consejo para informarte de la decisión. Te explicarán los términos y las condiciones que te imponen. Si tuvieras una recomendación para ir al templo y ellos revocaran ese derecho (tal como ocurre en probación formal, suspensión, o excomunión), te pedirán que se la entregues. Te explicarán el derecho a apelar la decisión y terminarán la reunión con una oración. También te enviarán una carta en la que explicarán todo esto por escrito.

Si piensas que la evidencia no fue justa o que el consejo disciplinario tenía prejuicios, puedes apelar la decisión. La apelación se presenta dentro de los treinta días al oficial que presidió el consejo. La decisión de un consejo disciplinario de barrio se puedes apelar ante el presidente de estaca. La decisión de un consejo disciplinario de estaca se puede apelar ante el Consejo de los Doce y la Primera Presidencia. Ellos leerán tu apelación y te enviarán su decisión, pero rara vez se ha revocado la decisión de un consejo disciplinario de estaca en la historia de la Iglesia.

Recuerda: Un obispo puede iniciar un consejo disciplinario en tu contra aun cuando tú no le hayas dado permiso para usar tu confesión. Un obispo que se entera de una transgresión que involucra a alguien fuera de su barrio debe contactarse con el obispo que tenga jurisdicción. Y los obispos rutinariamente informan sobre el progreso de los transgresores a sus superiores en la estaca, o a otro obispo si te mudaras. A veces, el obispo puede considerar beneficioso el informarle a tu familia sobre la acción disciplinaria. De manera que aunque se supone que las acciones disciplinarias son confidenciales, a veces se entera un buen número de personas.

Lo que la excomunión realmente significa

Aunque algunos miembros crean que la excomunión es algo terrible, los líderes y las publicaciones de la Iglesia nunca explican claramente las consecuencias espirituales de la excomunión. La razón es muy sencilla: La excomunión no es una cuestión espiritual, sino un proceso administrativo. No es tu alma la que están juzgando, sino tu membresía en la Iglesia temporal.

En realidad, la excomunión sólo significa que la Iglesia le agrega la palabra "excomulgado" o "excomulgada" a tu cédula de miembro. ¡Ni siquiera borran tu nombre de los registros de la Iglesia! Es interesante notar que cuando una persona vuelve a la Iglesia luego de haber sido excomulgada, se le restauran todas las bendiciones. En el registro de miembro, se vuelven a colocar las fechas originales de bautismo e investiduras. Lo que realmente significa esto es que, en realidad, estas ordenanzas nunca fueron retiradas. Ellos simplemente quitaron el reconocimiento de tales ordenanzas.

La verdad es que nadie puede quitarte tu bautismo, tus investiduras, o de ser aplicable, tu sacerdocio. Nadie puede quitarte tu fe y tu testimonio. Y sobre todo, nadie puede quitarte tu espiritualidad. El Espíritu nunca se retira de los que sinceramente hacen lo bueno. Tu integridad, tu moralidad y tu espiritualidad permanecen intactas.

Si llegar el día en que te convocan a un consejo disciplinario, nosotros te alentamos a que consideres asistir. Si asistes a tu tribunal y das tu testimonio como un hijo gay o una hija lesbiana de Dios, estarás haciendo una elocuente declaración que ellos no pueden ignorar. Ve al consejo y diles a esos hombres lo que tú sabes. Tal vez no tengas nada que aprender de ellos, pero ellos sí pueden aprender algo de ti. Muéstrales que no les tienes miedo. Muéstrales que ellos no pueden herirte. Sé testigo de tu propia integridad, y testigo contra lo que ellos te están haciendo. Si tocas el corazón de uno solo de los presentes con tu honestidad, entonces tu asistencia será valiosísima.

Palabras de cierre

Los consejos disciplinarios pueden ser un mecanismo insidiosos de control, manipulación y abuso. Nosotros creemos que estos consejos son contrarios a las enseñanzas de Cristo. Pero también creemos que toda persona que es excomulgada puede transformar una experiencia potencialmente dolorosa en algo positivo y edificante que pone a la persona en control de la situación.

Con unas pocas excepciones, la excomunión no te impide que continúes haciendo las cosas más importantes del mormonismo. Puedes continuar asistiendo a las reuniones y conferencias de la Iglesia. Puedes continuar escudriñando las escrituras y deleitándote en las palabras de Cristo. Puedes continuar teniendo noches de hogar para la familia y haciendo historia familiar. Puedes continuar siendo un ejemplo de integridad y encontrar maneras de servir al prójimo. Sobre todo, puedes continuar orando, ayunando, y manteniéndote en armonía con las cosas del Espíritu.

Nosotros te testificamos que no existe tribunal sobre la tierra que pueda robarte tu potencial como hijo o hija de Dios. No hay líder de la Iglesia que pueda juzgar tu vida. No existe ningún procedimiento administrativo que pueda condenar tu alma. Como dice Nefi, “el guardián de la puerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente” (2 Nefi 9:41).

Que Dios te bendiga. Sobre todo, recuerda que nuestros Padre y Madre Celestiales te aman, quieren que vivas con gozo, y siempre te aceptarán tal como eres.

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