Gay en Portugal

Mayo de 1999
Por Reinaldo Santos

Me llamo Reinaldo Santos y vivo en Portugal, en la hermosa ciudad de Setúbal, al sur de Lisboa (que es la capital de Portugal).

Me hice miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días el primero de septiembre de 1996. Un día de agosto yo estaba en casa haciendo un rompecabezas cuando alguien llamó a la puerta. Mi mamá fue a ver quién era, y me llamó la atención el interés con que ella dialogaba con los visitantes. Decidí ir a ver quién era, y vi a dos misioneros de la Iglesia. Empezamos a conversar y me preguntaron si podían volver en una semana. Yo les dije que sí.

Pasaron varios días. Los misioneros volvieron varias veces hasta que finalmente decidí dejarlos entrar y hablar un poco. Me dieron la primera charla, y luego todas las demás.

Después de eso me bauticé. Decidí bautizarme porque sentía "pesar por ser gay" y quería dejar de serlo.

Después de un año le dije a mi presidente de hombres jóvenes y a mi obispo que era gay. El presidente de hombre jóvenes quiso ayudarme, quería llevarme a un doctor que usaría hormonas masculinas para "curarme". El obispo pensó que lo que le decía era una locura mía y que yo era demasiado joven para saber lo que realmente quería (tenía 16 años en ese entonces).

Pasó el tiempo. Durante dos años y tres meses ignoré mis sentimientos con la esperanza de que al fin y al cabo se produciría algún cambio. Después de todo ese tiempo, empecé a perder fe en la posibilidad de "curarme".

Empecé a salir con personas de mi sexo, pero siempre dejaba de verlos porque sentía que lo que estaba haciendo no era correcto. Volví a la iglesia, pero el regreso no duró porque sentía que no podía ser dos personas diferentes.

Después de un tiempo, le dije a tres amigos de la iglesia que era gay. Ellos fueron muy comprensivos, y me dijeron que me apoyaban y me amaban sin importar mi orientación sexual. También empezaron a ayunar y orar por mí, pero yo no me sentía cómodo yendo a la iglesia.

Estas experiencias son bastante recientes. Hace muy poco dos misioneros vinieron a visitarme y a hablar conmigo. Me preguntaron por qué ya no iba a la iglesia, y yo les dije que soy gay. Ellos también me mostraron mucho apoyo. Me preguntaron si quería una bendición, y yo les dije que sí, que eso me haría muy feliz. Me dieron la bendición y después oramos. Los misioneros que me dieron la bendición empezaron a llorar, y yo también me emocioné mucho. Sentí que el espíritu estaba presente, durante la bendición y después de la misma. Así que todavía sigo viviendo entre dos mundos.

© 1996-2008 Afirmación: Mormones Gays y Mormonas Lesbianas
www.afirmacion.org