Jesucristo me ama tal como soy
Por Martín Escudero
Enero de 2001
Nota: Martín Escudero vive en Miami y nos cuenta que está muy interesado en trabajar con
grupos gays en su ciudad. También está muy entusiasmado de participar en Afirmación.
Me bauticé en la Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Últimos Días en abril de 1997. Antes de mi bautismo compartí con el Élder
Gonzales (el misionero que me dio las charlas, y el mismo que me bautizó) que yo era gay.
Es decir, no es que lo mantuviera oculto, sino por el contrario, traté de ser lo más
transparente posible.
Me llevaba muy bien con todos los hermanos. A la semana siguiente de mi bautismo recibí el
Sacerdocio Aarónico. Después de un mes de asistir me transfirieron a otra estaca que estaba
dentro del área de mi casa. El mismo día en que empecé a asistir recibí el Sacerdocio de
Melquisedec y mi primer llamamiento, como secretario ejecutivo de estaca. Es así que empecé
a trabajar directamente con el Presidente de Estaca. En la primera entrevista que tuve
con él, le confesé que yo era gay. Él me dijo que mientras no transgrediera las normas
de la iglesia, no habría problema.
Pero los problemas empezaron. Por reprimir mi homosexualidad, yo sufría mucho. Empecé a
dedicarle todo mi tiempo a la Iglesia. Para mí la Iglesia era todo, e incluso mi trabajo
pasó a segundo plano. Auqnue la Iglesia era más importante que nada, por dentro me sentía
muy solo. Entonces decidí a cambiar. Encontré a una muchacha dentro de la Iglesia y
empezamos a salir juntos. Antes de formalizar nuestro noviazgo le confesé también a
ella que yo era gay. Ella me entendió y me siguió apoyando, pero la realidad es que yo
no sentía nada tan intenso como con mis parejas gays anteriores.
Fui llamado para ser representante de Mayores Solteros Jóvenes de estaca. Mi barrio me
necesitaba también, así que acepté con el mejor espíritu mi llamamiento de presidente de
la Escuela Dominical. Además, por la necesidad de maestros que teníamos, tuve que hacerme
cargo de una clase de Hombres y Mujeres Jóvenes en el grupo de 13 y 14 años. Trabajé lo
más duro posible. Organicé muchas actividades, e incluso llegamos a viajar a otra ciudad
para una conferencia de Mayores Solteros Jóvenes. Además viajé al Templo de Lima para
realizar obra vicaria.
El problema empezó cuando me enteré que una persona con la que yo había salido anteriormente
había sido presidente de estaca. En una entrevista, se lo comenté a mi presidente de estaca.
Le dije lo mal que me sentía y le pedí que guardara el secreto. Pero por el contrario, él
conversó con el presidente de la estaca a la que pertenecía este miembro y lo convocaron un
consejo disciplinario. Demás está decir que toda su estaca se enteró del motivo. Fue una
gran vergüenza para él, teniendo en cuenta que era casado y que tenía hijos. En fin, creo
que con justo motivo él tendría ganas de incluso matarme.
Cuando pedí una nueva entrevista con el presidente de mi estaca y de la otra estaca, les
increpé lo que habían hecho y el daño que habían ocasionado. Ellos negaron todo con la
mayor hipocresía. Desde ese momento me alejé un poco de la iglesia. En ese momento conocí
a unos misioneros católicos que me invitaron a participar con ellos, lo cual acepté.
Nadie, con excepción de mi obispo, me fue a buscar. En seguida fui relevado de todos mis
cargos y más de media estaca me rehuía. Es más: algunos hermanos a los que antes reconocía
como amigos ahora ni me saludaban. Además recibí la visita de unas hermanas que después de
explicarles por qué no iba, terminaron preguntándome si era verdad que yo era gay,
y si por eso me habían excomulgado (cosa que jamás llegaron a realizar, ya que ni
siquiera fui citado).
Fue así que decidí nunca más asistir a las reuniones, pero no miento que hay domingos
en los que me encantaría acudir y estudiar nuevamente el Libro del Mormón, el mismo
que por ahora está guardado en algún lugar de mi casa y, lo más importante, de mi
corazón. Testifico que la Iglesia es verdadera. Se aprende mucho en ella, y nos enseña
muchas cosas buenas. También sé que Jesucristo me ama tal como yo soy. Para Él yo tengo
un valor tan grande que no importa las tribulaciones que pase: Él siempre estará
conmigo y con todos nosotros.
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