A mi querido yo de catorce años

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Manos escribiendo Diario Personal

Por John Bonner

Querido yo de catorce años:

Te veo sentado en los bancos de la Iglesia, con la cabeza gacha, líneas de lágrimas que se dividen en cálidas y avergonzadas mejillas y se acumulan en borrosas manchas en las páginas del himnario mientras dejas pasar la Santa Cena porque crees que no eres digno. Te veo parado solo frente a la ventana del sótano en completa oscuridad y pronunciando en voz baja las palabras «Soy homosexual» por primera vez y jurando que nunca le dirás esas palabras en voz alta a nadie. Te veo rogando, suplicando, noche tras noche, en rodillas callosas para que te quiten estos sentimientos, que los extirpen y los destruyan.

Te veo confesando al obispo que te has tocado de nuevo y sabiendo con absoluta certeza que nadie más en el mundo ha sido tan inmoral y depravado como tú. Veo que escribes promesas en tu diario, escritas con tanta fuerza que todavía puedes leer la impresión de cada palabra en muchas páginas más abajo de la página original, para nunca dejar que Satanás se apodere de tu corazón otra vez, para nunca abusar de tu cuerpo o mente con pensamientos impuros, para ser el hijo justo y obediente que Dios quiere que seas desde ese momento en adelante. Para ser perfecto, así como Él es.

Te veo pensando en formas de morir. Y haciendo planes. Y ensayando en tu mente lo que la nota que dejarás atrás debería decir. Creyendo que el mundo estaría mejor sin ti. Tratando de no pensar cómo eso rompería el corazón de tu madre. Preguntándote si alguien más te echará de menos, o si le importará que te hayas ido.

Te veo tocando tu guitarra y cantando canciones de amor sobre chicas y queriendo creer que algún día te sentirás así. Y a veces, cuando estás solo en tu habitación y nadie te escucha, te atreves a usar pronombres masculinos en esas canciones de amor, y sientes una oleada de profunda vergüenza mezclada con la fugaz excitación que se agita dentro de ti.

Veo que escuchas charlas y lecturas de las escrituras e investigas artículos y libros de la Iglesia que hacen mención de personas como tú. Siento tu profunda desesperación mientras ellos te comparan con violadores, pedófilos y asesinos. Ellos te dicen que personas como tú serán la causa de la destrucción de la sociedad y las calamidades del fin de los tiempos predichas por los profetas antiguos y modernos. Sé que temes que sea verdad: que tú, en este estado homosexual, estás perdido.

Quiero que sepas algo. Algo que será difícil para ti creer en este momento. Pero he vivido otros veinticuatro años más allá de tus catorce, así que te pediré que trates de confiar en mí.

Llegará un día en que sabrás cosas a las que no tiene acceso ahora. Cosas que te ayudarán a ver la complejidad y los problemas, las complicaciones y las maravillas de la historia completa del mormonismo en formas que nunca antes hubieras imaginado. Esto es importante porque lo que alguna vez fue absoluto, negro o blanco, ahora se convertirá en el gris más atractivo y abigarrado. Y aunque no te des cuenta en ese momento, este gris revelador -el milagro de la realidad de la ambigüedad en la historia de la fundación y evolución de nuestra fe- comenzará a liberarte.

Habrá un momento específico de pie frente al Museo de Arte BYU cuando te permitas preguntarte por primera vez: «Si la Iglesia estaba equivocada acerca de Emma y Mountain Meadows, y la poligamia y la gente negra, tal vez, solo tal vez, ellos también están equivocados acerca de mí».

Este pensamiento te llenará de una alegría brillante y ardiente tan real y poderosa como cualquier testimonio que hayas tenido o experimentado con lo divino que alguna vez has tenido. No estarás en una arboleda o de rodillas. No habrá pilar de luz o aparición de seres sagrados, pero será un momento real e innegable de testimonio sagrado. Y pensarás en ello una y otra vez a medida que avanzas por el desierto desconocido.

Y, oh, John, te besarán de tal forma que te pondrán los pelos de punta y el tiempo se detendrá y finalmente entenderás de qué se trataban esas melodías de guitarra.

Necesito que esperes para que puedas experimentar eso. Y la puesta de sol en Puente Carlos en Praga. Y bailando hasta las 3 a.m. en Londres. Y abriéndose camino a través de montones de hojas de otoño en Central Park. Y conduciendo a casa después de una primera cita con un chico y sabiendo que nunca has sido más feliz. Y caminar del brazo de tu madre en un desfile del orgullo gay (¡lo sé! ¡¿puedes creerlo?!) y recibir una carta de tu padre diciéndote lo orgulloso que está del hombre en el que te has convertido. Y ver el matrimonio gay convertirse en legal en los 50 estados (¡te juro que es verdad!). Y ayudando a las personas que sienten lo mismo que tú ahora a aferrarse también, a comenzar a creer en sí mismas y a entusiasmarse, por primera vez, sobre lo que depara el futuro.

Y los amigos… Oh, los amigos. Todas esas noches desesperadas y solitarias que pasaste orando tan fervientemente para que vengan a tu vida personas que te entiendan, y les gusten lo que te gusta, y solo, que te comprendan. Necesito que sepas que alguien estaba escuchando. Y John, serán las mejores personas que hayas conocido.

Habrá tal amor. Te dejará sin aliento.

Pero tienes que prometerme que te quedarás primero. Aunque todavía no podrás entender todo esto, necesito que me escuches cuando te digo:

Eres amado. Tu eres digno. Eres precioso. Tú eres suficiente.

Justo como eres.

Y nada ni nadie puede cambiar eso.

No puedo esperar a que llegues aquí. Confío que lo harás.

Te amo.

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