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Confusión, calma, y otra vez confusión…

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Anónimo

Enviado a Afirmación después de la reversión de la política de Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días de noviembre de 2015 que prohibieron que los hijos de padres LGBTQ sean bendecidos y bautizados y rotuló como apóstatas a los miembros de la Iglesia que entran en matrimonios con personas del mismo sexo. Estos cambios se conocieron dentro de la comunidad mormona LGBTQ como la «política de exclusión», «política de noviembre de 2015» o «PoX». El día después de que se anunció la reversión de esta política, Nathan Kitchen, presidente de Afirmación, invitó a todos los que deseen compartir sus sentimientos auténticos y experiencias de dolor, ira, alivio, tristeza, felicidad, confusión, sea lo que sea lo que hayan sentido con la reversión de esta política. «Como Presidente de Afirmación, quiero estar seguro de que Afirmación no te oculta, ni a ti ni a tus experiencias, a medida que avanzamos.», escribió Kitchen en su invitación. Si tienes una historia para compartir acerca de la reversión de la política de exclusión, por favor envíelo a [email protected] También puede leer otras historias de la reversión de la política de exclusión.

 

Ha sido un año de muchos cambios.

Durante 25 años, intenté llevar una vida que no era la mía. Constantemente me veía sumido en la tristeza y en la desesperación. Mis intentos por refrenar mis sentimientos de atracción eran fallidos y no sentía que pertenecía a ningún lugar. Me sentía indigno.

Algunos de mis amigos de la comunidad me confrontaron, me hicieron darme cuenta de qué era lo que quería en realidad, y por lo cual tendría que luchar.

Pero a diferencia de lo que muchos piensan, tuve que elegir, entre seguir un camino como miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días homosexual frustrado y reprimido, o intentar ser yo mismo, dejando de lado a la Iglesia.

Mi lucha interna duró varios meses, incluso lastimé a otros en el proceso, al no sentirme capaz de amar plenamente. Un pie aquí y otro allá. Mientras todo en mi cabeza daba vueltas y vueltas.

En mi mente, en mi modelo de familia ideal, me veía al lado de mi compañero criando a mis hijos dentro de la Iglesia, sin importar que él o yo fuéramos excomulgados, sin importar cuánto rechazo o cuán incompatible sería la formación que recibirían. Ellos serían criados en la Iglesia, el lugar donde yo crecí y por tantos años fui feliz.

Pero entonces cayó la bomba.

Al enterarme de las nuevas políticas, de las cuales no había oído nada al respecto, todo se me vino abajo. La vida, mis planes, mis anhelos.

Ahora me imaginaba siendo parte de una familia en donde mis hijos tendrían que rechazarme explícitamente a fin de recibir los beneficios que como hijos de Dios se les prohibía.

Me partió el corazón.

Recuerdo haber leído la postura de los líderes generales de Afirmación, tal como lo recuerdo parafraseando ellos dijeron: «Si hasta ahora los miembros de la Iglesia de la comunidad LGBT teníamos esperanza de ser algún día plenamente aceptados, con esto nos damos cuenta de que eso no sucederá. La Iglesia ha marcado una gran brecha entre nosotros».

Junto con ello, muchos miembros LGBT decidieron apartarse, y ya no deseaban más llevar a sus hijos a la Iglesia.

Así que la brecha había sido marcada, mis planes y expectativas tenían que cambiar y como miembro LGBT emergente me adapté a los cambios. Constantemente compartía con mis amigos mi desagrado en cuanto a las nuevas políticas. Era algo con lo que simplemente no podía lidiar.

Después de unirme a Afirmación comencé a hacer pública mi orientación sexual y mi postura a fin de ayudar a otros.
Aún siguen siendo tiempos difíciles.

Me he apartado casi por completo de la Iglesia, pero sigo ayudando desde afuera, ahora como líder de Afirmación. Las críticas no han cesado, la gente habla sobre mí, sobre mis padres, sobre mi familia en general, después de generaciones enteras dentro de la Iglesia. Pues parece ser que soy el primero que toma acciones como éstas en la ciudad en donde vivo.

Un pionero más después de todo.

Tan sólo unos días después de una publicación que hice sobre mi postura ante la intolerancia y la discriminación dentro de la Iglesia, la cual tuvo toda clase de reacciones, una amiga me envió la noticia sobre los cambios recientes en las políticas. Ella me dijo:

«Esto va a ayudar a que muchas personas que tienen su mente muy cerrada se den la oportunidad de abrirla un poco y practiquen la tolerancia y respeto.
»La Iglesia está teniendo muchos cambios y éste seguramente será para mejorar».

Entré en shock.

Al principio me sentí lleno de felicidad. Me parecía que era un gran paso hacia la inclusión. Por primera vez en mucho tiempo los hijos de los matrimonios homosexuales SUD o simpatizantes serían bendecidos y bautizados, sin importar las «tradiciones de sus padres» y a éstos ya no se les consideraría «apóstatas para fines de disciplina en la Iglesia»

Pero mi felicidad duró muy poco, al surgir nuevamente en mí la incertidumbre de qué hacer respecto a mi futuro. Había decidido apartarme por completo de la Iglesia en cuanto me casara, pero ahora me preguntaba: ¿esto cambia las cosas y mi panorama? ¿Se ha abierto una puerta en la Iglesia para mí y para los míos?

Aún se me considera como un «transgresor serio», aún mis hijos serían tratados diferente y serían criados en un ambiente controversial con una dualidad de creencias.

Se me instó a compartir públicamente mi opinión al respecto. Pero al comenzar a escribir, sólo obtenía perspectivas desalentadoras, lastimeras, sólo producía críticas negativas hacia el lugar que una vez fue mi hogar, pero donde siempre se me enseñó que lo que siento, pienso y hago está mal, y lo debo reprimir o cambiar.

Ya no creo mucho en la doctrina ni en la Iglesia ni en sus miembros. No sé si esto es un cambio real. Simplemente no puedo imaginar a Dios diciendo «no bauticen a sus niños» y tres años después «bueno, está bien, sí háganlo».

No me parece lógico.

Si bien estas acciones colocan a la Iglesia SUD por sobre otras en materia de igualdad, tolerancia e inclusión, y a pesar del beneficio real que sin duda genera, me pregunto si no es alguna estrategia desesperada a fin de incrementar la membresía.

Así que después de la confusión y la calma, volvió a mi mente la confusión.

No hablo sobre daños, justicia e injusticia, como otros lo han hecho. Hablo sobre incertidumbre.

Pero quiera Dios que estos cambios sí sean para mejorar.

One thought on “Confusión, calma, y otra vez confusión…

  1. Vivir la religión por libre, renegar de todo tipo de adoctrinamiento ya sea mormón, católico etc. El verdadero Dios no condena vivir a espaldas de ritos y sacramentos como el bautismo. A veces tu propio hogar es tu iglesia, dos personas que se congregan en nombre de Dios es iglesia. Tú propio cuerpo es tu propio templo donde mora Dios.

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