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Dejé mi corazón en la Ciudad de México

Por Diane Oviatt

He vivido al lado de San Francisco por los últimos treinta y tres años. No importa dónde vaya, siempre había sabido que mi corazón estaba aquí. Luego asistí a la conferencia de Afirmación México, y dejé un pedazo gigante de mi corazón en la Ciudad de México. Y ahí se quedará. Pasé tiempo con algunas almas increíbles a las que nunca olvidaré. En su mayoría eran hombres jóvenes de entre veinte y treinta y tantos años, realizados, educados y talentosos hijos de Dios llenos de confianza, ¡y con increíbles habilidades de baile de salsa! Y sin embargo, mi corazón de madre se rompió por muchos de ellos.

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Durante una serie de conversaciones de corazón a corazón con varios de ellos, poco a poco aprendí de su lucha por ser su auténtico yo dentro de la cultura y la religión que aman. Estos hombres en su mayoría han servido en misiones honorables para la Iglesia y en llamamientos de barrio también. Algunos se han encontrado con palabras y acciones duras por parte de líderes eclesiásticos a los que les han confiado sobre su sexualidad. Muchos no han salido del clóset con sus padres y esto les resulta desgarrador. Varios viajaron largas distancias en autobús para participar en lo que se convirtió para ellos en un fin de semana de libertad y amor incondicional. Sentí su hambre de aceptación y comprensión, así como el gran amor que tienes por las enseñanzas del Salvador y sentí también su tristeza al dejar el rebaño cuando el fin de semana llegó a su fin.

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Oí hermosos testimonios compartidos con tanta humildad y vulnerabilidad, que pensé que mi corazón se iba a partir en dos. Yo quería ser una madre para todos ellos, y estaba tan contenta de conocer a dos familias que vinieron a apoyar a sus hijos homosexuales a pesar de las normas culturales y religiosas que no les apoyan. Estos padres y hermanos son héroes para mí. Tienen amor de sobra.

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Los participantes que llegaron a pesar del rechazo de miembros de la Iglesia se sorprendieron al oírme hablar del amor absoluto y apoyo que mi familia y mi hijo gay han recibido dentro y fuera de la Iglesia en el área de la bahía (Barrio San Francisco Bay). Ruego que mis palabras les dieran esperanza. Le ofrecí un lugar donde alojarse para cualquiera que pudiera ser capaz de hacerlo aquí en un futuras vacaciones. Me fui deseando poder recoger a todos ellos y llevarlos a un lugar donde se les am y celebre como son. Me fui deseando poder hacer más. Me fui con ganas de volver. Dejé mi corazón.

Dios os acompañe hasta que nos volvamos a ver.

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