Encontrando mi voz

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Por: Lauren Neaves

 

(Publicado originalmente en Echoes of the Struggle Blog)

 

Nací y crecí en el norte de Texas. Soy una muchacha blanca pálida, con el pelo rubio rojizo y un montón de pecas. Y mientras yo no era perseguida al crecer por mi apariencia o por lo que mostraba, tenía un profundo temor de que sería blanco de los abusones si la gente conocía mi verdadero yo.

Mira, yo no era como todos los demás a mi alrededor. En primer lugar, yo era mormona. Y no había muchos de nosotros. Creciendo, tuve muchas conversaciones con amigos tratando de «salvarme» porque realmente creían que los mormones no eran realmente cristianos. Pero la segunda cosa que me distingue de la mayoría de la gente con la que crecí es que soy gay.

Mirando hacia atrás, habían pistas en todos lados. Mientras que las paredes de las muchachas fueron cubiertas con las fotos de bandas de chicos y de los ídolos adolescentes como los «New Kids on the Block», como Jonatán Taylor Thomas, Jonatán Brandis, etc., el mío fue cubierto con las imágenes de mujeres que admiraba como Shannon Miller, Mia Hamm, Rebecca Lobo, etc. Como una niña mormona joven, no tenía el vocabulario para verbalizar lo que realmente pensaba acerca de estas mujeres: que eran extremadamente atractivas. Sólo pude decir que realmente las miraba y las admiraba; que era cierto. ¡Estaban rompiéndola en sus actividades! Pero había más que eso.

En la escuela secundaria, sabía que me gustaban las chicas, pero estaba aterrorizada por ello. Tanto que, cuando estaba en mi último año, salí de mi clase de escritura creativa cuando nuestro maestro usó un clip de Will & Grace, porque «promovía el estilo de vida homosexual». En realidad, yo era una chica mormona gay realmente asustada y estaba segura de que si mostraba demasiado interés, la gente descubriría mi profundo y oscuro secreto.

Curiosamente, iba a ser en la gran universidad mormona, la Universidad de Brigham Young, cuando finalmente pude aceptarme. La Universidad de Brigham Young se encuentra en Provo, Utah. Fue allí donde finalmente me encontré. Busqué recursos LGBT y allí estaba el Centro del Ogullo de Utah (Utah Pride Center), en Salt Lake. En ese momento, todavía era lo suficientemente joven para participar en su centro juvenil y ese lugar cambió mi vida. Recuerdo la primera vez que entré y me preguntaron si era gay o heterosexual. Dije que no estaba realmente lista para responder a esa pregunta y nadie parpadeó un ojo. Lo entendieron. Ellos me comprendiron. Ellos entendían el proceso interno que yo estaba pasando y estaban allí para mí cuando necesitaba gente que más entendía eso.

Cuando comencé en BYU en 2005, una porción del código de honor dice lo siguiente:

«La promoción del estilo de vida homosexual (ya sea implícito o explícito) o cualquier comportamiento que indique conducta homosexual, incluyendo aquellas que no son de índole sexual, son inapropiadas y violan el Código de Honor».

Esto significaba que si alguien era un estudiante gay de BYU, ni siquiera podría admitirlo en voz alta sin miedo a ser expulsado de la escuela. Había múltiples casos en los que la Oficina del Código de Honor buscaba a mis amigos. Otros y yo seríamos llamados para averiguar si eran o no gay. Cuando nos llamaban, negaríamos que eran homosexuales para ayudar a salvar su posición académica. Era una gran caza de brujas gay.

Comencé a involucrarme políticamente cuando me uní a los demócratas de BYU y a otros grupos de izquierda. Un grupo llamado Soulforce (fuerza del alma) estaba haciendo una gira nacional de autobuses de siete semanas llamada Gira por la Igualdad (The Equality Ride). Los miembros de la Gira de la Igualdad hicieron diecinueve paradas y visitaron dieciocho escuelas religiosas; y la Universidad de Brigham Young era una de esas dieciocho escuelas. En cada una de estas instituciones, hubo mucha discriminación contra la población LGBTQ+. El objetivo de los integrantes de la gira era desafiar la homofobia y ayudar a la comunidad LGBTQ+ a liberarse de la opresión religiosa y política.

En ese momento, el codirector de Gira de la Igualdad, Haven Herrin, dijo que BYU tenía una de las políticas más duras y rigurosas. El propósito no era exigir ningún cambio en la política, sino lograr una comprensión de lo que es ser LGBTQ+. Hay mucha vergüenza y sufrimiento, provocada por la discriminación religiosa.

Un grupo de miembros de la Gira de Soulforce y estudiantes de BYU marcharon alrededor del límite del campus, ya que les habían prohibidos entrar en el campus por la policía de BYU, y representaron «muerte interna» cerca de la entrada principal. Se acostaron y sostuvieron lirios en el pecho representando a los mormones LGBTQ+ que habían muerto por suicidio.

Uno de los suicidios LGBTQ+ mormones más escuchados en ese momento fue Stuart Matis; un hombre de 32 años que se suicidó en las escaleras de una Iglesia mormona. Su nota suena verdadera para muchos Mormones LGBTQ+.

«…La iglesia no tiene ni idea de que al escribir esta carta, seguramente hay niños y niñas en sus rodillas callosas implorando a Dios para liberarlos de este dolor. Se odian a sí mismos. Se retiran a la cama con un dedo apuntando a la cabeza como si fueran armas. Cada momento de vigilia de cada día deben estar en alerta constante para no divulgar ninguna pista que los descubra ante sus pares. ‘¿Miré  a ese chico demasiado tiempo?’ ‘¿Él pensará que soy gay?’ ‘¿Ahora dará a conocer mi secreto y me golpeará?’ Tienen miedo de sus padres. Tienen miedo de su obispo. Tienen miedo de sus amigos. No tienen a dónde ir sino que se tumban en el suelo en posición fetal y lloran hasta que se duermen…»

Durante el encuentro, un amigo compartió que pasó meses en el hospital y en rehabilitación después de un accidente de coche casi fatal. Dijo que durante su recuperación, su madre le dijo que habría sido mejor si hubiera muerto en el accidente que vivió como un hombre gay. Lamentablemente, este es un tema común. Mi madre hizo un comentario similar muchos años antes de que finalmente saliera a mis padres. Dijo que si tenía un hijo gay, se suicidaría. Y mientras ella no recuerda hacer ese comentario, me empujó más dentro del armario y me hizo tener miedo de mostrar mi auténtico yo.

Después de la manifestación, la policía de BYU arrestó a veinticuatro personas, entre ellas cinco estudiantes, que participaron en la manifestación. Entonces supe que yo también necesitaba ser una voz para otros mormones LGBTQ+.

En 2007, el Código de Honor fue actualizado para que dijera:

«La Universidad Brigham Young responderá a la conducta homosexual en lugar de a los sentimientos o la orientación y les da la bienvenida como miembros de pleno derecho de la comunidad universitaria, a todos cuyo comportamiento cumple con los estándares universitarios… La orientación sexual declarada no es una cuestión de Código de Honor».

Por un momento, sentí como si mis amigos y yo pudiéramos respirar. Por fin podríamos decir «Soy gay» en voz alta sin temor a perder nuestra posición académica. Actuar sobre sus sentimientos homosexuales estaba todavía prohibido en BYU; lo que significaba que no tendríamos ninguna cita. Pero poder admitirlo levantaba un enorme peso de mis hombros. Comencé a admitir mi sexualidad lentamente a más amigos en la escuela. Le dije a mis compañeros de cuarto mi último año de escuela, y no eran más que amables y tolerantes. Entonces la Proposición 8 de California sucedió.

La Proposición 8 fue una propuesta electoral de California y una enmienda constitucional estatal contra el matrimonio entre personas del mismo sexo. La Iglesia mormona apoyó públicamente y financió la Proposición 8. Establecieron una campaña proselitista puerta a puerta para estimular la votación de la Proposición 8 en California. y contribuyó con más de $ 20 millones para «proteger el matrimonio tradicional».

Justo cuando empezaba a ser cada vez más fácil ser un estudiante gay en BYU, el periódico de la universidad imprimía cartas al editor comparando individuos homosexuales con violadores y asesinos. Las mesas que animaban a los estudiantes de California a votar por la Proposición 8 estaban en todo el campus. Muchos chicos dijeron que, si tuvieran un compañero de cuarto gay, le «golpearían su cara».

La gente celebró cuando la Proposición 8 ganó; exclamando que el matrimonio había ganado. Estaba destrozada. Me estaba dando cuenta de que la Iglesia mormona nunca querría a alguien como yo. Algunos amigos y yo fuimos a la protesta y marchamos alrededor de la Plaza del Templo en Salt Lake City. Los carteles decían «política del púlpito» y «no votamos en tu matrimonio». Fue una experiencia poderosa estar cerca de otros mormones y aliados heterosexuales, aunque nos sentimos como si hubiéramos perdido la batalla, nos volvimos más visibles.Todavía estábamos reunidos y luchando por lo que creíamos.

Me tomó un tiempo encontrar mi voz, pero ahora que la tengo, seguiré denunciando las injusticias que veo y usaré mi voz para siempre. Estoy orgullosa de lo que soy. Estoy orgullosa de quién y de cómo amo. Y seguiré usando mi voz para el bien y para la aceptación.

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