Gracia

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Escrito por Thomas Palani Montgomery

Traducido por Isra Flores Álvarez

Recientemente tuvimos una reunión alrededor de la chimenea de nuestra casa. No hubo ningún tema específico, orador ni agenda. Simplemente enviamos la invitación y vinieron 20 o 30 personas. Muchos eran nuestros amigos LGBT que viven en la zona y algunos visitantes de fuera del estado. En un punto, todos nos fuimos presentando y cada uno de nosotros compartió un poco de su historia.

En el transcurso de la reunión, recordaba a mi hijo Jordan, quien es gay. Hace poco tiempo se había graduado de la escuela secundaria, observaba una fotografíade el y reflexioné, “Él es feliz.” Lo cual me llevó a pensar en el largo camino que tuvo que transitar para poder llegar a ese estado; Asimismo vino a mi mente la idea de lo que podría haber sido si hubiéramos tomado decisiones distintas. Durante mucho tiempo, su vida había perdido el equilibrio. Esa sonrisa estuvo enterrada bajo un peso que aplastó su alma.

Nuestras elecciones durante esos cinco años crearon un espacio para que él prosperara. No hay precio que no pagaría para ver esa sonrisa.

Mientras los invitados se movían por la habitación, otros ofrecían su historia. Pronto noté un tema común en nuestros LGBT. Cada uno había llegado a un punto crítico en su vida donde el estrés y la supresión de su identidad sexual fueron tan graves que amenazaban su salud mental hasta el punto de experimentar ideas suicidas. Para algunos, la ilusión de la familia ideal mormona con un/a esposa/o e hijos hizo que se esforzaran al máximo, al punto de casarse, lo cual los dejó con tal vacío que los llenó de desesperación. Habían hecho todo lo que la Iglesia les había pedido. Ellos realmente amaban a sus excónyuges e hijos. Pero no fue suficiente. La mayoría de los matrimonios se habían extendido durante más de una década, a veces dos, sin alivio o siquiera alguien con quien hablar.

Un amigo gay que había vivido este escenario exacto dijo: “Mi esposa me culpa por arruinar el matrimonio, mis hijos mayores están enojados por haber herido a su madre. Mañana, voy a estar parado y ver como mi suegro ordena al sacerdocio a mis hijos de 16 y 12 años. Una vez fui líder en la Iglesia y hoy nadie me mirará a los ojos. Todo el mundo me ve como el villano. El Presidente de la Estaca se reunió conmigo recientemente y dejó claro que si yo viviera libremente mi sexualidad, ya no estaría sellado a mi familia”.

Otro amigo cercano y su esposa experimentarán el aniversario de la muerte de su hijo. El era un bello joven gay que fue quien dio su primer beso a nuestro hijo hace unos años. Cuando me senté fuera del Templo en la boda de un sobrino el año pasado, vi a Jordan llegando del brazo de este chico. Este maravilloso muchacho luchó contra el rechazo de su comunidad religiosa en el corazón de Utah. Incluso el valeroso esfuerzo de sus padres no fue suficiente para salvar su vida.

¿Dónde está Dios? ¿Dónde está Su gracia? La teología del Plan de Felicidad – un plan hecho para la gente heterosexual – no ofrece felicidad si no se encaja en el molde. Malo si lo haces, malo si no lo haces.

La familia es el fundamento del mormonismo moderno. El Templo está lleno de simbolismo y promesas que se enfocan en hacer que las familias sean eternas. En muchos sentidos, es la culminación de la creencia y la cultura mormona. Las familias son para siempre. Manténganse dignos de casarse en el Templo. Haga la obra vicaria en el Templo por sus antepasados lo cual creará lazos que duren por la eternidad. Cuando toda su familia es “digna” y asiste al Templo, puede ser el pináculo de la felicidad mormona. Sin embargo, si un miembro de la familia se considera indigno o no puede entrar, amenaza el núcleo de una familia eterna. Así, para algunos, el Templo puede ser un lugar amargo y dividido. Mientras que para otros es el corazón de lo que los une.

Hace cinco años, ese terremoto teológico dejó una herida por la cual mi hijo Jordan estaba preocupado. Y ahora, la Política de Exclusión de Noviembre del 2015 sentencia que mi hijo nunca pondrá un pie en el Templo. ¿Está mi familia rota en dos? ¿Hemos perdido nuestra esperanza de ser una familia eterna?

Cuando miré alrededor de la habitación durante nuestra pequeña reunión esa noche, me di cuenta de lo íntimo y cercanos que son estos lazos de amistad, dolor y comunidad. Estábamos escuchando, llorando y amando.

En los mismos cinco años que hemos luchado, me di cuenta de que las relaciones que han nacido durante este tiempo han sido algunas de las más profundas y más ricas de mi vida. Por cada maestro orientador o maestra visitante que había llegado a nuestra puerta por obligación, teníamos una docena de personas que eran ahora queridos amigos. Donde los domingos llegábamos y nos sentábamos con aires de perfección, hoy nos sentamos con los que amamos y escuchamos las cosas que agobian sus almas. Donde una vez escuchamos las mismas lecciones una y otra vez, hoy extendemos las manos y ayudamos a nuestros hermanos a llevar sus cargas. Donde una vez testificamos de un Plan de Felicidad, escuchamos, compartimos y luchamos por mitigar los dolores del mundo.

Y nuestros corazones se ensanchan…

En la Iglesia, hablamos de la Expiación como un acontecimiento pasado en el que Cristo sufrió por nosotros. Nos regocijamos de que el pagó por nuestros pecados. Sin embargo hemos llegado a un punto donde hemos creado un estilo de vida por el cual evitamos nuestro propio dolor y creemos que el acto de obediencia es el camino a la vida eterna.

Sin embargo la Expiación es mucho más. Es un momento vivo. Un momento en el que dos almas se encuentran. Es cuando un alma que está siendo aplastada bajo el peso de su cruz es salvada por medio de los instrumentos de Dios. Hoy por hoy, cada uno de nosotros es un instrumento de la gracia divina, cuyo fin es escuchar las suplicas de nuestros hermanos y hermanas, actuando en consecuencia, para aligerar sus cargas.

Cristo nos pide que alimentemos a Sus ovejas. Eso no se hace con discusiones ensayadas y un patrón de compromiso. Se hace abriendo la puerta de la conciencia al sufrimiento de otros, ayudándolos como el Señor les ayudaría.

Me tropecé con estos pensamientos simplemente abriendo mi corazón y escuchando a los demás. De alguna manera el ver a otro hijo de Dios que está sufriendo, hizo que nuestra capacidad de compartir su sentir se ensanchara. Mientras me sentaba en nuestra pequeña reunión y escuchaba el dolor de los demás, vi que el alivio, la paz y la comunidad comenzaban a extenderse. Un grupo de almas dispuestas a soportar las cargas de los demás. Como resultado, todas nuestras almas se ensancharon.

De manera tangible, la Expiación y la gracia de Cristo pueden fluir a través de nosotros.

Lo que he aprendido es que estos lazos intensos de compartir, oír y ser escuchados, son el fundamento de ser verdaderamente sellados a otra persona. Mientras que la ceremonia y el simbolismo del Templo pueden apuntarnos a ser verdaderamente sellados, si no experimentamos estas cosas y pagamos el precio por sentir estos lazos, las palabras y la ceremonia son vacías e inútiles.

Ponme como sello en tu corazón,
Como una marca sobre tu brazo,
Porque fuerte como la muerte es el amor;
Sus brasas, brasas de fuego, poderosa llama
Cantares de Salomón 8:6

Los sellos dejan una huella o una marca permanente. Cuando dejamos estas marcas en los corazones de los que nos rodean, sus lazos son tan fuertes como la muerte. La pasión y la intensidad de esos lazos son una poderosa. Para el 99% del mundo que nunca pondrá un pie en un Templo mormón, serán sellados a los que aman. Para las familias LGBT que están restringidas a entrar al Templo, serán igualmente selladas a los que aman con vínculos más fuertes que la muerte.

Mientras una tumba cruel puede haber tomado a algunos de nuestros seres queridos, por la gracia de Dios estaremos con ellos otra vez, mientras que hoy viven dentro de nosotros. Han dejado su sello en nuestros corazones. La pasión de nuestro amor por ellos sigue ardiendo.

Quizás podamos vislumbrar por qué un Dios amoroso nos ha permitido venir aquí conociendo las dificultades y el sufrimiento que enfrentaremos. Es ineludible que el dolor sea nuestro mejor maestro. Estamos aquí para ser educados. Pero la gracia que he encontrado es que el dolor no tiene que convertirse en sufrimiento.

El dolor es inevitable.
El sufrimiento es opcional.
Buda

He encontrado la mayor alegría en la vida al tener relaciones profundas y significativas que trascienden. Relaciones que son expresiones incondicionales de amor y esperanza para hacer de nosotros un mejor yo. Relaciones que nos hacen más fuertes y más compasivos que lo que somos solos. Para mí, esto es gracia. Esta es la esencia de ser sellado.

Y está disponible para todos…

 

*Escrito para mi esposa cuyo amor arde como una poderosa llama y ha dejado su sello en mi corazón.
*Escrito para mis amigos George y Alyson Deussen que han demostrado que el amor es más fuerte que la muerte.

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