Informes de Conferencias y Charlas de Afirmación

III Conferencia Anual Afirmación Colombia

Escrito por Carlos Castillo Casas

Se acercaba el 1 de junio y la expectativa de que todo saliera bien reinaba entre nosotros. Los últimos detalles, los folletos impresos, los cuadernitos membreteados, los últimos en confirmar asistencia, los afanes y las reuniones para saber qué más faltaba, todo con la fuerza y el amor que nos caracteriza puesta en marcha para que esta fuera una hermosa experiencia. Llegó el día y conocimos a Kimberly Anderson en el hotel, saludé fraternalmente a Francisco Ruiz a quien conocí en México unos años antes, recibimos a los que estaban llegando de otras ciudades del país quienes tímidos algunos se hacían junto a nosotros sin hablar mucho, algunos fueron al templo de la Iglesia SUD para hacer una oración en sus jardines y sentir la paz que emana de aquel sagrado lugar.

Caminamos hacia el lugar donde nos reunimos cada quince días para que los de afuera conocieran la casa, y las funcionarias quienes nos recibieron cálidamente y expusieron cosas positivas sobre el trabajo de Afirmación Colombia.

En la noche del viernes primero de junio, Kimberly y Francisco trabajaron un increíble taller de espiritualidad para personas trans, la apertura la hizo Juan Carlos Prieto Subdirector de Diversidad Sexual del distrito, luego de eso nos reunimos en el hotel para dar la bienvenida a los que iban a participar en la conferencia.

«Nuestras metas y esperanzas en un mismo camino» era nuestro lema, y los siguientes dos días fueron prueba de ello. Nos deleitamos con la historia en el Museo Santa Clara, donde aprendimos muchas cosas de la historia de la religión en nuestro país, cuarenta mormones LGBT de varias partes del país, dieciocho personas increíbles de otros credos, católicos, anglicanos, evangélicos, sijistas, budistas y cristianos no denominacionales nos acompañaron para mostrar que desde lo mas profundo de nuestros corazones, sabíamos que Dios nos ama tal y como somos, las diferentes doctrinas se manifiestan de manera tan diferentes pero todos teníamos el mismo acuerdo, nadie contendía por doctrinas, nadie refutaba a nadie, todos en espíritu de hermandad nos conectamos en lazos de amor fraterno. Kimberly nos expuso realidades sobre el suicidio y maneras de intervenir apropiadamente con personas que tienen ideación suicida, cómo detectar riesgos y la importancia de valorarnos a nosotros mismos y fortalecernos como miembros de la gran familia Afirmación. Francisco nos ilustró sobre los diferentes niveles de fe entre nosotros y cómo enfocarnos en lo que nos une.

Diana Pérez, una extraordinaria madre dragón nos hizo derramar lágrimas de emoción al escuchar su emotivo mensaje. Una mujer cuyo ejemplo y fortaleza nos inspiraron a ser mejores, a afirmar nuestra identidad, posteriormente, una pequeña muestra teatral nos enseñaba la importancia de luchar contra toda forma de discriminación. Al final, en la noche, agotados aún pero con una indomable fortaleza charlaban, reían y demostraban sus magníficos espíritus llenos de calidez.

El domingo fue aún mas especial, un mensaje de Kimberly y Francisco lleno de amor que nos reitera cómo la presidencia de Afirmación desea fortalecernos, salvar vidas y marcar una diferencia en la sociedad. Reorganizamos la vicepresidencia en Colombia y expresamos testimonios que nos movieron las fibras del corazón, lágrimas de emoción que nos demostraron que aún hay mucho dolor por experiencias tristes con la Iglesia, con líderes y con familias, expresiones de afecto que nos dejaron muy claro que unidos en todas las cosas somos mas fuertes, mas valientes, mas llenos de amor para con los nuestros. Cantamos como himno final «Que Firmes Cimientos» y la fuerza al unísono retumbaron en el auditorio como un canto sincero que evidenciaba el deseo de que esta hermosa jornada no terminara jamás, se forjaron lazos, se unieron corazones, salimos fortalecidos y edificados, se salvaron vidas, se tejieron esperanzas, agradecimos al Padre Celestial por Afirmación, una familia que ha cambiado vidas y que impacta positivamente en el corazón de cada uno de nosotros. Esperamos con ansias encontrarnos de nuevo, volver a abrazarnos y sentir que no estamos solos, que en cada rincón del país hay amigos y hermanos, que tenemos el deber de encontrar y ayudar a muchos otros que nos necesitan. Otra experiencia inolvidable que atesoramos en nuestras almas.

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