La ley de castidad gay

Esta entrada también está disponible en: Portugués, Brasil

Por Hermia Lyly

Traducido por David Mans

Este artículo fue publicado originalmente en el blog Young Mormon Feminist, el 17 de noviembre de 2013. Para leer el post original en inglés, haga click aquí.

Hace como tres semanas desde que me senté con mi obispo tranquilamente mientras me decía que no podía tomar el sacramento porque tenía novia. Sí, sé que fue ingenuo de mi parte haber tenido aún la más mínima esperanza de permanecer digna de tomar el sacramento mientras yo, una mujer y mormona de por vida, tengo novia. Como muchos LGBTQIA miembros he leído la postura de la Iglesia acerca de la homosexualidad docenas y docenas de veces: «Sentir atracción hacia el mismo sexo es una compleja realidad para muchas personas. La atracción en sí misma no es un pecado, pero actuar sobre ella lo es.» (mormonandgays.org). Fui criada para ver las relaciones entre personas del mismo sexo como algo malo y diabólico. Me han dicho una y otra vez que la única unión digna del templo es entre un hombre y una mujer.

Aún así la posición oficial no coincidía con mi entendimiento de amorosos Padres Celestiales y de un inclusivo plan de felicidad. ¿Por qué habiendo sido criada para desear un compañero eterno y una familia por encima de todo, y entonces que me digan que mi «misión especial» era permanecer célibe de por vida? ¿Por qué mi Iglesia critica a la Iglesia Católica por pedirle a sus sacerdotes y sus monjas que mantengan el celibato usando el argumento que «no es bueno para el hombre [o mujer] estar solo» (Moisés 3:18, Abraham 5:14), y entonces me informan que el celibato es la única opción para mí si quiero permanecer como miembro digno? Estas preguntas giraban en mi mente cuando escuchaba al obispo prohibirme tomar la comunión SUD. Traté de mantener mi compostura. Quizás, pienso, él simplemente entendió mal:

«Entonces, usted me está diciendo que aún cuando mi novia y yo solamente nos tomamos de la mano —sin abrazos, sin acostarnos en la cama, sin besarnos, ni nada por el estilo— entonces el simple hecho que estoy en una relación con ella ¿significa que estoy rompiendo la ley de castidad?»

«Así es, como mujer si está involucrada en una relación con otra mujer usted está rompiendo la ley de castidad.»

Sentí mi corazón hundirse en mi pecho. Aquí había un hombre al cual había confiado mis secretos. Le había dicho que no era heterosexual y que tenía novia. Por la mayor parte se mostró comprensivo. Pregunté algunas cosas difíciles acerca la posición de la Iglesia acerca del matrimonio entre personas del mismo sexo, y me quedé sorprendida cuando en lugar de amonestarme para que me arrepienta se mostró de acuerdo con muchas de mis creencias. Fue por esas razones que me sentí aún más herida por su afirmación de que era indigna de tomar el sacramento, aún cuando mi novia y yo cumplimos con la ley de castidad tal como es dada a los miembros heterosexuales.

En este punto necesito tomar momento en mi narrativa para explicar mis objetivos al escribir este post. Primero, espero poder compartir una auténtica, y sincera experiencia acerca de lo que es ser una mormona gay enamorada. Segundo, voy a mostrar las diferencias que hay entre la ley de castidad heterosexual y la ley de castidad gay. Es a menudo infructuoso debatir si la Iglesia SUD debe o no reconocer el matrimonio gay —tanto si crees que debería como si crees que no debería—. No es mi intención hacer cambiar a nadie su manera de pensar. En lugar de eso quiero simplemente compartir mi experiencia como ser humano, y espero que eso pueda abrir un espacio útil para la conversación y de introspección. En cuando a la segunda meta, creo que es el momento apropiado que admitamos que hay una enorme diferencia entre la ley de castidad que se espera que cumplan los miembros heterosexuales y la ley de castidad que se espera que cumplan los miembros gais. Como explicaré después, no son la misma y no tienen la misma dificultad para seguir. Por esta razón me referiré como si fueran dos leyes diferentes: la ley de castidad gay y la ley de castidad heterosexual.

De nuevo en la oficina del obispo. Podía sentir mi corazón hundiéndose cuando me decía que tenía que romper con mi novia para volver a ser digna de tomar el sacramento. Había entrado en su oficina llena de esperanza; por cerca de un año y medio me sentí culpable de tomar el sacramento porque estaba avergonzada de mis sentimientos homosexuales, deseos y acciones. A través de la oración, estudio, introspección, y la ayuda profesional, había empezado a escapar de mi auto-odio y aceptarme como una hija de Dios no-heterosexual. Empecé a ver mi sexualidad como una bendición, y mi relación con mi novia como íntegra y sanadora. Tenía la gran esperanza de que si discutía mis circunstancias espirituales y emocionales con mi obispo, él me animaría a tomar el sacramento otra vez entonces podría añadir la fuerza que viene de renovar los convenios bautismales cada semana.

«¿Le gustaría tomar el sacramento?» Me preguntó el obispo.

No supe cómo responder a esa pregunta. ¿Realmente él creía que yo disfrutaba la carga de no tomar el sacramento? ¿Estaba él usando la ordenanza como una prenda de cambio barata para hacerme romper con mi novia? ¿O él realmente no comprendía cuánto su pequeña pregunta significaba para mí?

«Ya no», murmuré. No escuché su respuesta, porque me tuve que ir antes que el peso de su pregunta me haga pedazos. Le agradecí por su tiempo y empecé a salir, pero me detuvo y me preguntó si podíamos volver a conversar. Traté de enfocarme en su pregunta, pero no pude. Mi vida, mi creencia en un Dios benevolente, y mi confianza en comprensivos líderes de la Iglesia, estaban haciendo mella en mí, y tenía que escapar.

Hay una callejuela detrás de la capilla que es suficientemente privada para que una desesperada joven mujer llamara su novia sin miedo que alguien pudiera escuchar. Llamé a mi novia (por el bien de la historia la llamaré Helena) y sollocé mientras ella trataba de convencerme que todavía era una digna y amada hija de Dios. Yo seguro que no me sentía de esa manera.

Mientras salía de la callejuela y caminaba hacia mi casa, iba por las transitadas calles cerca de mi casa y recuerdo pensar qué fácil sería dar un paso dentro del tráfico: no solamente me escaparía de la homofóbica cultura que me fuerza a elegir entre mi fe y mi amor, pero incluso podría deshacerme de mi sexualidad. Después de todo muchos mormones, mi madre incluida, me dijeron que ellos creían que la homosexualidad era solamente una prueba de esta vida y que Dios nos retira nuestras debilidades cuando morimos, Él tomaría mis deseos homosexuales y los reemplazaría con heterosexualidad. Estoy segura que ellos pensaban que me estaban consolando asegurándome que esta prueba sería temporal. Pero así como muchos mormones gais escuchar que podía deshacerme de mi homosexualidad matándome solamente hacía ver el suicido más atractivo.

Milagrosamente, mi desesperación duró solamente un par de días. De algún modo me las arreglé para no tirarme de cabeza al tráfico lo suficiente para darme cuenta que iba a continuar por el camino de ser una mormona que se rehúsa a elegir entre su religión y su novia, necesité más apoyo que ir a ver mi psicóloga una vez a la semana y quejándome con Helena en el teléfono cada vez que me sentía molesta. Tan maravillosas como Helena y mi psicóloga eran, yo no podía mantener mi salud emocional, espiritual y emocional si solamente tenía dos personas para hablar. Afortunadamente recordé haber escuchado de Wendy Montgomery, una activista por los derechos gais quien también era mormona. En un arrebato de atrevimiento (o de torpeza, realmente) me puse en contacto con ella en Facebook y le envié un largo mensaje hablándole de mi situación. Desearía poder hablar el resto de este post hablando de cómo la hermana Montgomery me tomó bajo su ala y me mostró un mundo nuevo de cálidos miembros mormones que también son LGBTQIA aliados. Pero, como el profeta del Libro de Mormón, no tengo lugar para escribir “ni la centésima parte” de la esperanza, amor y el consuelo que estos aliados mormones trajeron a mi vida. Puedo decir esto: si tú eres un mormón gay o un aliado y necesitas una comunidad quienes te acepten por lo que eres y te amen, confía lo que te digo, éstas son las personas que amarían ayudarte.

Me gustaría decir que ese es mi final feliz. Después de todo es grandioso no estar muerto y haber encontrado una comunidad de aliados. Pero ¿es eso realmente un final feliz? Todavía me siento atemorizado de estar en público con mi sexualidad y mi relación por temor a represalias. Todavía me siento atemorizada de hablar cuando mi familia habla de Satanás y sus acólitos tratando de destruir el matrimonio «tradicional». Y todavía tengo prohibido tomar el sacramento porque me he rehusado vivir la irracionalidad de la ley de castidad gay.

Mi experiencia con la ley de castidad gay me ha llevado a lugares verdaderamente oscuros. Mi corazón duele cada vez que pienso en otro hermano o hermana gay quien seriamente piensa en dejar la Iglesia o matarse porque no pueden vivir a la altura de sus demandas imposibles. La Iglesia SUD dice que ellos dan la bienvenida y aman a los miembros gais, pero dada la actual ley de castidad gay, esto solamente suena que es verdad de la boca para afuera. Si realmente queremos mostrar a los miembros gais que los amamos y los respetamos como hijos de Dios, necesitamos considerar lo siguiente:

1) La ley de castidad gay no está claramente explicada. Piensa sobre eso. ¿Cuántas lecciones y charlas has escuchado acerca de la ley de castidad heterosexual? ¿Cuántos artículos has sido impresos en New Era y en la Liahona para ayudar a los miembros a entender el propósito y las reglas de la ley de castidad heterosexual? Ahora pregúntate cuántas veces has tenido una lección acerca de la ley de castidad gay. Realmente la única información que tenemos acerca de la ley de castidad gay es lo que está en mormonandgay.org «La atracción en sí no es un pecado, pero actuar sobre ella sí lo es», y la sección acerca del comportamiento homosexual en el manual de la Iglesia: «Si un miembro siente atracción hacia su mismo sexo pero no se involucra en ningún comportamiento homosexual, los líderes deben apoyar y alentarlos en su resolución de vivir la ley de castidad y evitar pensamientos impuros».

Esto puede verse tan claro como el agua, pero es en realidad bastante confuso. ¿Cómo se supone que una persona gay separe su sexualidad del resto de su identidad? ¿Qué si a un joven hombre homosexual decide que le gusta hacer pasteles, hacer ballet, usar lindas pulseras, y desviarse de otros roles de género establecidos en el siglo veintiuno? De acuerdo con la ley de castidad gay si estos comportamientos son consecuencia de la homosexualidad de la persona entonces él está rompiendo la ley de castidad. ¿Qué pasa si mi sexualidad influye en la manera que camino, o muevo mi cuerpo? De nuevo, solamente por mover mi cuerpo estaría rompiendo la ley de castidad por estar actuando sobre mi sexualidad. ¿Nos damos cuenta qué tonto es pedirle a una persona que no actúe sobre su sexualidad? Esencialmente, le estamos diciendo a los mormones gais que si ellos no pueden aparentar ser heterosexuales, si ellos no pueden enmascarar  su homosexualidad, entonces no están siendo castos. Yendo un poco más allá, estamos implicando que la sexualidad es un botón que podemos encender o apagar, o una parte de nuestra mente que podemos cortar y matar si no actúa de la manera que la Iglesia pide. Esta forma de reprimir la homosexualidad es peligrosa porque alienta a los miembros a ver su sexualidad como malas o problemáticas  en lugar de natural y saludable. Al enseñar a nuestros miembros gais que su sexualidad es algo malo y que debe ser ignorada o totalmente destruida, estamos reforzando ideas dañinas sobre nuestra sexualidad y perjudicando la sexualidad de todos los miembros.

2) No está universalmente implementada. En algunas regiones y países, los obispos tienden a ser un poco más tolerantes en su interpretación de la ley de castidad gay, y son tan amables de dar la misma ley de castidad que todos los miembros del barrio, no importa si son gais o heterosexuales, hombres o mujeres, ricos o pobres. De modo que si una actividad no está en contra de la ley de castidad para un miembro heterosexual (como tomarse de las manos con su persona especial), entonces no está en contra de la ley de castidad para un miembro homosexual tampoco. Afortunadamente mi novia vive en uno de esas regiones. Así como hay otros lugares donde los obispos —como el mío— toman una interpretación más estricta de la ley de castidad gay donde deciden si los miembros están, o no, «actuando sobre sus deseos». ¿Acaso tiene sentido que mi dignidad personal como un miembro gay depende de la localización geográfica? Esto sería como si dijéramos que en algunas regiones los obispos de los barrios de solteros alientan a sus miembros a salir en citas, mientras que otros obispos lo desaconsejan y lo penalizan. Esto es una alarmante inconsistencia, y seguro no es una fortaleza ni sirve para hacer sentir seguros a los miembros.

3) Estadísticamente, la mayoría de mormones gais eligen no seguirla. Este argumento es un poco más débil que los otros porque hay muy pocos estudios académicos fiables de la población mormona gay. Solamente conozco uno de los estudios académicos sobre mormones gais: «Exploración de las experiencias y la salud mental de Santos de los Últimos Días que se sienten atraídos a su mismo sexo», dirigido por Doctor William Bradshaw, especializado en investigación (Universidad de Brigham Young), Doctora Renee Galliher (Universidad Estatal de Utah), John P. Dehlin (Universidad Estatal de Utah), and Katie Peterson (Universidad Estatal de Utah). (Si tú sabes de más estudios académicos sobre mormones gais, por favor déjamelo saber en los comentarios). De acuerdo con este estudio del año 2011 solamente el 32% de los mormones gais encuestados eran célibes, y de ese 32% solamente el 14% eran célibes por decisión. Algunos al mirar estas estadísticas pueden estar tentados a pensar que los miembros gais tienen menos control sobre sus impulsos que los miembros heterosexuales. Pero ese punto de vista nos lleva a juzgar, no a comprender. Si un mandamiento tiene un 86% de índice de fallo, entonces quizás necesitamos revisar el mandamiento, no castigar a los miembros gais por no ser «suficientemente rectos». Después de todo en Marcos 2:27 Jesús enseña que «El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo». Así como el Padre Celestial no creó una enorme lista de mandamientos y entonces dijo: «Sería grandioso crear algún tipo de criatura que pueda obedecer todo esto». Mas bien Él nos creó a nosotros, Sus hijos, primero, y después creó mandamientos que podíamos seguir, y que nos ayudaría a mejorar y a crecer: «pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir», (1Corintios 10:13). Si un mandamiento tiene solamente un éxito del 14%, entonces no parece ser la clase de mandamiento que todos pueden cumplir y que nos ayudará a crecer.

4) La ley de castidad gay opera en una peligrosa mentalidad del todo o nada. Muchos obispos usan la metáfora de la rampa para enseñar la ley de castidad heterosexual. La metáfora de la rampa transmite dos conceptos: primero, que hay diferentes niveles de afecto físico; segundo, lo más lejos que tú vayas, más posible que rompas la ley de castidad heterosexual. Parte de la sabiduría de la ley de castidad heterosexual es que permita a los miembros solteros demostrar afecto físico de manera que se fortalece su relación y deja salir un poco de tensión sexual (seamos honestos). Sumando a esto la ley de castidad heterosexual apunta al matrimonio como la realización de los deseos sexuales, la cual es una de las razones por las cuales muchos de los mormones solteros están motivados a refrenarse de tener relaciones sexuales antes del matrimonio. Este es un concepto que está ausente en la ley de castidad gay, porque asegura que los miembros no tengan NINGUNA esperanza de realizar sus deseos sexuales. De hecho, la mejor metáfora para la ley de castidad gay sería un gran foso: cualquier demostración de afecto es romper la ley de castidad. Si tomarse de la mano o coquetear trae tanta condenación como cometer adulterio o fornicación, entonces es muy poco el incentivo que tiene por un miembro gay de refrenarse del sexo premarital (además me dijeron que el sexo es mucho más divertido que tomarse de la mano). Seguramente no tenemos la intención de enseñar a nuestros miembros gais que para ellos tomar de la mano a alguien de su mismo sexo está a la misma altura que el adulterio o el sexo fuera del matrimonio.

5) Es de doble moral y no es equivalente a la ley de castidad heterosexual. Para la mayoría  de los mormones heterosexuales, la ley de castidad heterosexual provee una guía desde las citas, el noviazgo y el matrimonio. Si es usada correctamente y razonablemente, puede llevar a tener una relación saludable, es una herramienta para construir beneficioso compañerismo, y crear el cimiento para el futuro hogar donde se criarán los hijos. Por otro lado, la ley de castidad gay no guía a nada de esto. De hecho, muchos miembros gais que tratan de vivir la ley de castidad gay se encuentran a sí mismos en una paradoja donde el individuo no puede escapar por causa de las reglas contradictorias: ellos evitan construir amistades y relacionarse con personas de su mismo sexo porque temen de enamorarse de ellos, y evitan construir amistades y relacionarse con personas del sexo opuesto porque temen darles falsas esperanzas. (Obviamente el proceso de construir amistades y relaciones es más complicado que esto, pero es la tendencia que he visto en general). Por esta causa, la ley de castidad gay tiende a llevar al aislamiento de la persona en lugar de compañerismo y unidad. Simplemente no es justo que los mormones de una sexualidad puedan seguir la ley que los guía a relaciones satisfactorias, mientras que los mormones de otras sexualidades deben seguir una ley que les dice que su amor está equivocado y les lleva lejos de relaciones satisfactorias. Es más, ¿cómo podemos estar seguros que la manera que la cultura construye la sexualidad (el continuo homo-hétero) refleja la manera que Dios ha construido nuestra naturaleza divina?

Algo debe ser hecho con la ley de castidad gay. Por lo menos necesitamos más guía de la Iglesia, guía oficial explicando los cómo y los por qué; la ley de castidad gay debe ser correcta y uniformemente reglamentada, así la dignidad personal no vuelve a depender de la localización geográfica. Pero, ¿cómo obtenemos esta guía?

La Iglesia escucha a sus miembros. Si suficientes miembros elevan su voz acerca de un asunto, es cuestión de tiempo antes que ellos revisen el asunto. Demasiados pocos miembros están dispuestos a hablar acerca del asunto LGBTQIA. Es nuestra responsabilidad hablar acerca de la injusticia que están enfrentando nuestros hermanos y hermanas LGBTQIA, debemos facilitar las conversaciones acerca de la posición de la Iglesia en los asuntos de la homosexualidad, y pedir a nuestros obispos y presidentes de estaca acerca de por qué la ley de castidad gay es tan diferente a la ley de castidad heterosexual. No podemos cambiar la manera que la Iglesia opera, pero podemos empezar la conversación. Podemos mostrar a nuestros líderes de la Iglesia que nuestros miembros LGBTQIA son tan dignos de amor tal como cualquier otro miembro.

La sexualidad es un tema complejo. Hawái justo ha legalizado el matrimonio gay[1], con Illinois pisándole los talones. Estos cambios son la causa de gran consternación de muchos conservadores y muchos mormones. La retórica que rodea este asunto es a menudo de esta forma, la religión por un lado, los derechos humanos por el otro, con muy pocos intentos de unir esos dos. Construyamos un puente ahora. Conversemos en nuestros hogares en nuestro propio terreno, a nuestra religión, nuestras creencias, nuestros derechos, nuestros hogares, nuestros hermanos y hermanas.

 

[1] El matrimonio gay en Hawái obtuvo la aprobación del Senado el 13 de noviembre de 2013, entrando en vigor en diciembre de ese año, seguido por Illinois, donde se aprobó el 20 de noviembre del 2013, entrando en vigor el 1 de junio de 2014. Recordar que este artículo fue publicado el 17 de noviembre de 2013.

Deje su comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*