Mensaje del Obispo Don Fletcher

junio 17, 2015

Mensaje de Don Fletcher, ex-obispo del área de San Francisco, durante la Conferencia Anual Internacional de Afirmación “This is the Place” en septiembre de 2014, Salt Lake City

don fletcher

Me siento honrado de estar aquí. En este mundo hay mucha buena gente haciendo buenas obras, en esta habitación hay una colección de algunos de los héroes del mundo, a mi modo de ver. Los respeto profundamente a ustedes, como mormones LGBT y aquellos que les dan su apoyo. No creo que haya mayor obra en el planeta que la que se está llevando a cabo en esta conferencia.

Les saludo y les honro, es grandioso estar aquí con ustedes. Quiero hablarles hoy de un tema que creo será de importancia para reflexionar, y es la importancia que tienen las etiquetas en nuestra vida, así como los potenciales efectos positivos y negativos en lo que hacemos día a día. Yo he tenido varias etiquetas en mi vida y voy a decirles algunas de ellas.

A menudo he sido llamado “soñador”, a veces de manera positiva y a veces negativa. Está la imagen de la película “Mitty” de Ben Stiller, donde estoy caminando en las nubes y, claro, me gusta tener grandes sueños, algunos que no están anclados en la realidad y otros que sí; pero también soy un soñador en el sentido de José y la túnica multicolor, pues a lo largo de mi vida he recibido algunas revelaciones importantes a través de mis sueños.

Una de ellas fue hace 10 años: tenía un familiar gravemente enfermo, y tuve un sueño de que este individuo era gay y que tenía SIDA, al contarle mi sueño a mi familiar, él tuvo el valor de salir del clóset conmigo y se sintió bendecido de poder hacerlo; esto le ayudó a él, pero el impacto que tuvo en mí ha sido inconmensurable en estos 10 años, y como ésta he tenido muchas otras experiencias. ¿Saben? Esto no estaba en mi radar, no es algo en lo que estuviera pensando hasta que pasó en mi familia, y he sido enriquecido grandemente como persona por esta comunidad de la que soy parte desde que mi hermano salió del clóset.

Otra etiqueta que he tenido en mi vida es la de “Mormón”. Hasta los huesos, de cabo a rabo, sí, soy mormón, soy SUD. También he tenido en distintas ocasiones sobre mí la etiqueta de “Obispo”, en Florida, Alabama y California, tres veces -o tres sentencias como algunos dirían. ¡Fueron experiencias maravillosas! Mi tiempo en Alabama fue muy interesante, cuando fui obispo en Alabama era un barrio en una ciudad llamada Brimingham, donde aproximadamente dos tercios de la congregación era afroamericana, así es que desde ese entonces tuve relación con experiencias de minorías, discriminación y otros asuntos relacionados.

En Florida estuve en el barrio San Francisco Bay, que incluye el corazón de San Francisco. Cuando fui llamado como obispo, contábamos con una lista de 975 miembros. Al estudiar los registros, y el tiempo lo probó cierto, hice una aproximación de que la mitad de esa lista eran gays y la mayoría no eran activos. Así que esa fue la prioridad en nuestra agenda: reactivar a los miembros gays del barrio.

De igual manera, el barrio San Francisco Bay tomó sobre sí algunas etiquetas. Una de las etiquetas que teníamos como barrio en Bay era la de que éramos “Cálidos” (y afortunadamente eso no derritió a Olaf en la película “Frozen”), pero sí se fundieron múltiples culturas y tradiciones, y fue una experiencia grandiosa. Varios aquí conocen a quien fue mi Secretario Ejecutivo, Mitch Mayne, cuando serví en San Francisco y fue algo maravilloso.

Uno de los primeros métodos que utilizamos para tratar de reactivar a los miembros inactivos de nuestro barrio fue mandar cartas. Escribí una carta personalizada y firmé cada una de las 800 copias, donde decía a grandes rasgos “¡Hola, soy tu obispo! Soy el obispo Fletcher. Bienvenido al barrio San Francisco Bay. No estás activo en este momento, y probablemente haya alguna razón para eso, tal vez no querías pagar el diezmo, algún miembro te ofendió a lo largo del camino, o tal vez eres gay y sientes que no encajas. Yo no creo que ninguna de esas razones sea válida, todas me parecen poco importantes. ¡Regresa al barrio! ¡Te va a encantar estar aquí! Es un gran lugar donde te puedes sentir bienvenido. Mi Secretario Ejecutivo es un hombre abiertamente gay, él se siente a gusto y tu también puedes.”

Así que mandé esa carta y la respuesta que recibimos fue asombrosa, de unos 400 miembros del barrio. Muchos de ellos habían dejado la carta en la mesa de su cocina, no la tiraron a la basura inmediatamente, la miraban, la releían y yo recibía llamadas telefónicas meses después, diciéndome: “¿Es en serio lo que me dijo?” y yo les contestaba “¡Por supuesto, ven a platicar conmigo!” Y mucha gente volvió… a un barrio que era cálido e incluyente. Muy a menudo me decían “Aún creo que la Iglesia es verdadera, pero no quiero ser excomulgado, por eso no me arriesgo a regresar”. A lo que yo respondía “Tu serás excomulgado… sobre mi cadáver. Siéntete cómodo. Eso no va a pasar”.

Algunas otras etiquetas que tengo son “Médico” y “Oftalmólogo”. Mi trabajo es ayudar a personas con debilidad visual, soy especialista en Rehabilitación para el Déficit Visual, así que la gente viene a verme cuando han perdido parcialmente la vista de manera permanente, y yo trato de enseñarles a utilizar lo que les queda para que puedan llevar una vida plena a pesar de que tengan debilidad visual.

Desafortunadamente, otra de mis funciones es la de deshacer etiquetas, soy un “deshacedor”. Para aquellos en la audiencia que son de mi edad, seguramente recordarán al Señor Magú, y sabrán que no es un modelo a seguir para los que tienen debilidad visual. Muchos de los pacientes que vienen a visitarme traen sobre sí una etiqueta, puesta por sus médicos de cabecera, la de “ceguera legal”. Es un término con el que estoy muy familiarizado, ¿ustedes saben de dónde viene?

No tiene nada que ver con la ley, es un término acuñado hace unos 80 años, cuando en una reunión se determinó que en la tabla de letras para la exploración visual, a partir de determinada línea se consideraría el límite. De esa línea para abajo eres “legalmente ciego”, si puedes ver de esa línea para arriba eres “legalmente normal”. El límite es 200. Si ves de 1 a 199 no hay problema, pero si ya no ves el 200 ¿para qué te preocupas por intentarlo si ya estás “legalmente” ciego? ¡Es tan absurdo utilizar ese término como llamar a un enfermo terminal “legalmente” muerto! Es una tonta dicotomía.

Pero es con esto con lo que tengo que lidiar todos los días. Los pacientes vienen a verme porque les dijeron –y usualmente usan el termino “declarar”- “Me declararon legalmente ciego, así es que si estoy ciego ¿por qué me molesto en sus técnicas de magnificación electrónica? Estoy ciego y no puedo ver” No puedo, no puedo no puedo. ¡Esa es una etiqueta extremadamente negativa! Hace mas mal que bien. Hay mas gente ciega por definición que por enfermedad. Yo tengo que “deshacer” esas etiquetas y poner otras más positivas. Así es que eso es algo de lo que hago en mi trabajo.

Uno de mis héroes en el campo médico es el doctor Bernie Seagal, quien escribió un libro hace algún tiempo, llamado “Amor, medicina y milagros”. Él es un cirujano general que trata pacientes con cáncer y encontró en su investigación que existe una diferencia significativa entre los pacientes terminales dependiendo de las etiquetas que interiorizaban durante su estancia hospitalaria. Escribió extensamente sobre sus hallazgos y uno de sus dichos mas frecuentes era “las palabras sanan, las palabras matan”.

Por ejemplo, cuando a un paciente se le dice que tiene cáncer usualmente la pregunta es “¿Cuánto tiempo me queda?”. Desafortunadamente los médicos acostumbran contestar con estadísticas, donde existe un rango de sobrevida, pero siempre hay un promedio, y es ese promedio el que le dicen al paciente. Entonces dicen “Tiene cáncer” y a la pregunta “¿Cuánto me queda?” contestan “Tiene 6 meses”. Entonces las personas se van a casa ¿y qué es lo que hacen? Toman un calendario y hacen un círculo alrededor de la marca de los seis meses y entonces se mueren de acuerdo al calendario. ¡Estadísticamente no es normal! Tenemos un rango de sobrevida desde una semana hasta 50 años y todos se fijan en la fecha de los seis meses. Lo que dice Bernie Seagal es que la respuesta apropiada a esa pregunta es “bien, hay varias personas en la misma condición que usted y sobreviven muchos, muchos años”. Tal vez sólo es el 10%, pero uno tiene que darle al paciente esa esperanza. ¡No tienes que morir, puedes vivir! Y he ahí la importancia de las etiquetas una vez mas, las palabras sanan o las palabras matan.

Esto en el ámbito de nuestra iglesia, es cuando ponemos etiquetas en las personas, como la de “excomulgado”, “excomunión”. Cuando estaba haciendo esta presentación Power Point, di click secundario sobre la palabra “excomunión”, fui a los sinónimos y enlisté los que aparecieron: excluido, prohibido, expulsado, removido, expulsado, echado afuera. ¿Parecen éstos una lista de adjetivos amigables o amorosos para aplicar a cualquier persona? En otras palabras les estás diciendo “ahora estás afuera, no eres digno del nombre de Cristo, no eres parte de la familia del Salvador, tenías una oportunidad y lo echaste a perder” ¿Les parece que hacemos algún bien en poner esas etiquetas? Yo les pregunto, piensen ¿qué etiquetas querría Él (con E mayúscula) que nos pusiéramos? Él quiere que todos sepamos que somos “Hijos de Dios”, quiere que todos sepamos que somos “Amados por Dios”, que todos sepamos que somos parte del plan de Dios.

Una de las mejores experiencias que tuve cuando era obispo en el barrio San Francisco Bay era el tener miembros de la Iglesia gays que regresaban a la actividad, que volvían al hogar de fe que habían dejado, que habían perdido. Yo pedía a cada miembro que venía a verme, aunque no regresaran a la Iglesia, les pedía “¿Por favor, puedo darte una bendición como tu obispo? ¿Puedo poner mis manos sobre tu cabeza y darte una bendición?” Y eran experiencias espirituales muy enriquecedoras para mí. Y sin excepción alguna en cada una de esas veces en que impuse mis manos en un miembro de la Iglesia –en un individuo, porque no todos eran miembros de la Iglesia- que es gay, sentí fuertemente la impresión de que lo primero que debía decirles: “Tú tienes que saber, ahora mismo, que Dios te ama exactamente como eres, no tienes que cambiar nada sobre lo que eres o lo que estas haciendo para saber que eres amado por Dios”. Invariablemente había muchas lágrimas, tanto mías como suyas, cuando ellos interiorizaban ese conocimiento.

Se nos alienta en la Iglesia a dar la bienvenida de regreso a nuestras congregaciones a todos los que vengan, “nadie sea echado de [nuestras] sinagogas”. Creo que los consejos disciplinarios se han usado incorrectamente por tradición y cultura y no le han servido a los individuos. Se nos dice en el Manual de Instrucciones que los consejos disciplinarios son para traer a las personas a Cristo y para ayudarlos a sentirse más cerca del Salvador. No hay penalizaciones que tengamos que pagar por nuestros pecados, el Salvador ya lo ha hecho todo, sólo tenemos que acercar a las personas a Él. Tenemos que revisar la forma en que se utilizan los consejos disciplinarios para que cumplan el propósito de lo que se supone debemos hacer como Santos de los Últimos Días, llevar a todos a Cristo. Sé que esto es verdad, y lo comparto en nombre de Jesucristo. Amén.

 Para ver el discurso original en inglés da click aquí.

 

 

 

Subscribe to receive more like this in your inbox!

  • Este campo es un campo de validación y debe quedar sin cambios.
Posted in

Deja un comentario