Nacido para pintar

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Escrito por: Reade Christopher Gloeckner

Traducido por: David Mans

En tercer grado recuerdo claramente un proyecto de arte. Terminó siendo un pobre trabajo con acuarelas y el maestro me pidió volver a hacerlo. Me sentía molesto y enojado, entonces rápidamente lo pinté con anaranjado y negro y ni siquiera levanté el pincel del papel. En segundos pude ver un tigre corriendo. Era abstracto. En ese momento no tenía idea de qué significaba abstracto, pero claramente fue lo que vi. Entregué la pintura y nunca olvidaré la “A” que recibí.

Crecí con mi padre biológico como Raede Christopher Gloeckner y no conocí a mi madre. Vivimos en un auto durante dos años y no fui a la escuela en sexto ni séptimo grado. Comer y poder bañarse estaban limitados a ir una vez a la semana a un motel, y la comida sacada de la basura de la tienda de Ralph. En ese tiempo mi padre ilegalmente cambió mi nombre. Mi primer y mi segundo nombre eran tolerables pero mi apellido era Gayman. Viajamos a Arizona con la intención de llegar a Nueva York o a Pennsylvania, pero nunca pudimos pasar de Arizona. Volvimos a California y mi padre me abandonó en el callejón de un boliche. Así empezó el viaje de mi vida.

Fui a un orfanato donde me quedé por un año y sufrí abusos sexuales por segunda vez en mi infancia. Durante ese año el orfanato organizó una feria y me preguntaron si quería pintar un poster. Acepté la tarea, para escapar del abuso y para escapar del aburrimiento. Después de la feria, colgaron ese poster en el espacio central del edificio, y cuando fui enviado a vivir a un hogar de acogida me dijeron que podía llevarme el poster que había pintado. Me gustaba lo que había creado.

Llegué al hogar de acogida ese verano antes de mi octavo grado y finalmente empecé a entender qué es tener una madre. La familia era de la fe Santo de los Últimos Días. Empecé a escuchar las charlas con los misioneros y fui bautizado en octubre de 1969. Sentí paz y sentí que era correcto. Por un tiempo pensé que podía tener éxito en la vida. La mayoría de mis hermanos eran amables, cariñosos y serviciales, y me sentí amado por primera vez.

En onceavo grado tomé clases de arte, pintura al óleo. Nos pidieron hacer un autorretrato. Por causa de las cosas que había pasado, no tenía ninguna foto de mí mismo para hacer un autorretrato. Después de todo, solamente era un chico viviendo en un hogar de acogida con baja autoestima, que había sido atacado sexualmente siendo muy joven —y volvía a suceder otra vez, en mi hogar de acogida—. No tenía el valor para decirle al profesor que no tenía una foto, entonces pinté una estrella de cine. Me dieron una “C”, y me dijeron que si hubiera cumplido con la asignación me hubieran puesto una “A”.

Empecé a salir con una chica mayor cuando iba a la escuela secundaria. Su familia era descendiente de griegos y su padre era tasador inmobiliario en una rica área de California, por lo que se podía permitir tener una maravillosa colección de arte, Miró, Chagall y otros. Recuerdo en ese tiempo estaba más fascinado con el arte que con desarrollar una relación con Katherine.

Antes de servir una misión compré mi primera pintura, una serigrafía encargada al artista de las olimpiadas LeRoy Neiman. Así comencé mi colección. Cuando volví a casa empecé a trabajar como cajero y comencé mi fotografía. No me tomó mucho antes que conociera un fotógrafo profesional en el banco donde trabajaba, que vio mi obra y dijo que era bastante bueno para seguir haciéndolo. En 1982 mi obra fue expuesta en una galería de Salt Lake City. Asimismo fue la época que sentía más presión para conocer chicas y casarme, y fue lo que hice. Y dejé la fotografía.

Criar niños es una pesadilla emocional, física y financieramente, como si hubiera estado malabareando con cinco trabajos a la vez. Finalmente me puse firme cuando mi esposa empezó a hablar de encargar el quinto, lo que nos envió a una espiral descendente. Le confesé a mi mujer que había sido infiel con otros hombres y eso fue más de lo que pudo manejar.

Como muchos —pero no todos— los que en Afirmación que pasamos los 40 años de edad, nos dimos cuenta que ser gay y estar casados no iba a funcionar y el divorcio parecía ser la única solución. Tuve varios episodios de depresión y episodios maníacos, con los cuales mi exesposa lidió durante los veinte años que duró nuestro matrimonio. Esta depresión realmente golpeó duro a mi trabajo y después de dos períodos en el hospital en el 2003, tres meses de terapia, y un retiro temprano a mis 47 años, mi exesposa se había hartado. En el acuerdo de divorcio no tuve derecho a visitas a mis hijos sin supervisión, como si fuera un monstruo.

Fui forzado a vivir en las calles hasta que un amigo gay me invitó a vivir con él. Parecía como si mi vida empezara a ir en una mejor dirección. Entonces tomé varias malas decisiones y me vi envuelto con drogas ilegales. Finalmente me interné en un psiquiátrico para poder frenar mi caída. Tenía miedo de quitarme la vida.

Después que salí solamente tenía este amigo a quien pedirle ayuda, pero rápidamente cambié de opinión y decidí preguntarle a un conocido suyo —a quien llamaré Karl—, que era dueño de una galería de arte y una tienda de antigüedades, si podía dormir en el suelo de su casa por unos días hasta que pudiera ponerme en pie otra vez. Karl fue tan amable de dejarme vivir con él y ayudarlo en su negocio. Así empezó una gran educación sobre arte. Era increíble ver y tocar los valiosos ítems que tenía coleccionados. Había alrededor de dos mil piezas originales de arte para la venta. Pero no todo fue felicidad en ese momento, tuve que seguir sufriendo abuso sexual.

Conocí a John, mi ángel, en el desierto el 24 de abril del 2009, mi cumpleaños. En los primeros quince minutos John me invitó a una cena de cumpleaños porque no había otros planes de celebración de otro modo. Dije: «No, está bien», varias veces, pero John no aceptaba mi negativa. Fuimos a un refinado restaurante con manteles y servilletas de tela llamado «Blame the midnight» (Échale la culpa a la medianoche), donde educadamente pregunté si podía pedir pez espada con postre. John me dijo que podía ordenar lo que quisiera. Se había convertido en mi ángel en la Tierra. Es lo que realmente creo.

En Mayo del 2009, recibí un email de un hombre que se llamaba Jason que decía que quería verme. Cuando nos vimos, empecé a hablar atropelladamente y estaba tan nervioso que enseguida descubrimos nuestro punto común, salir a correr. Estuve de acuerdo en ser su entrenador. Finalmente de algún modo encontré el coraje de explicar mis circunstancias a Jason y él sinceramente abrió su corazón y su pequeño departamento de una habitación en una pobre área de Salt Lake City. Nunca me pidió un centavo. Estaba aliviado y empecé a creer que mi vida empezaba  a mejorar.

En el año 2011 encontré una propiedad para la venta en un barrio cerrado. Era una limpia caravana que valía cuatro mil dólares. Llamé a John y dijo que se encontraría conmigo pasados dos días. Cuando la estábamos mirando John dijo: «¿Recuerdas que dije que iba a hacer una diferencia en tu vida?». A lo que respondí: «Sí». Entonces siguió diciendo: «Esto es lo que voy a hacer, te daré el dinero y vas a comprar la caravana, que estará a tu nombre y así no tendrás que preocuparte jamás por no tener un lugar para vivir. Tendrás un techo sobre tu cabeza y estarás caliente». Y agregó: «Cuando eso esté hecho, iremos a comprar mercadería y llenaremos tu refrigerador y de ese modo no tendrás hambre». Yo solamente no podía creer lo que acababa de escuchar. Qué inmensa bendición fue eso para mí.

Aún así había mucho para hacer para avanzar. Todavía no estaba del todo cómodo con la idea de ser gay. No podía aceptarlo totalmente. No quería ser gay. Todavía estaba tan perdido. La única cosa que me mantenía a salvo, aparte de John, era el arte que había estado comprando. Había estado coleccionando discretamente el arte de tres artistas específicos. Fui afortunado en poder comprarlo por muy poco dinero y era maravilloso ver lo rápido que mi colección se estaba construyendo.

Un día decidí volver a pintar. No había pintado en un lienzo en blanco desde 1973. Recuerdo orar y también pedir guía y ayuda a David Margetson. Había decidido que quería usar una espátula antes que pinceles y cambié de óleos a pintura acrílica. Me asombraba y me motivaba ver cómo la pintura conservaba su espesor. Me guiaba algo como si fuera un piloto automático. Parecía que no tenía que hacer ningún esfuerzo y fluía naturalmente, como si hubiera estado pintando por años sin detenerme. No puedo explicarlo, realmente. Se volvió mi meta crear cien pinturas para el final del año.

Los temas y títulos para mis pinturas aparecían fácilmente. No era forzado. Era como si hubiera nacido para pintar. Pintaba desde las once de la noche hasta las tres de la mañana, y entonces me iba a dormir. Cuando John despertaba para bajar al sofá, diría: «¿Todavía estás levantado pintando?» Estaba sorprendido que pudiera hacer todas mis actividades con solamente tres horas de sueño. Seguía preguntando: «¿Cómo lo logras?» A lo que respondía: «Es por ser gay, y bipolar, y toda la basura que tuve que soportar. Créeme, ¡no te gustaría estar en mis zapatos!»

Empecé a pintar temas espirituales y eventos de mi vida. Pinté «El Fantasma de la ópera» (un musical que asistí en Los Ángeles cuando me casé), «El fondo de pantalla de hoy», que es acerca de nuestros teléfonos móviles, «Expreso de Medianoche», acerca de las oraciones a Nuestro Padre Celestial, y aún flores de Navidad para celebrar esa época. Con cada pintura finalizada gané más confianza, pero todavía me apoyaba en David Margetson que cada vez tenía más comentarios positivos acerca de mi obra. Él hacía esto de su propia voluntad, sin ninguna compensación, y durante momentos críticos para mí.

Caminando con Jason en la parte baja de Ogden, conocimos una artista en una galería de nombre Kris. Ella fue comprensiva y amable y se sintió identificada con nuestra situación. Le mostré algunas de mis pinturas que había fotografiado con mi teléfono y algunas que tenía en mi auto, y ella me invitó a traerlas de nuevo una semana a partir del miércoles, así la junta directiva vería mi obra y juzgarían mi arte. La junta votó para incluirme con una advertencia, o terminaba los bordes, o los enmarcaba. Trabajé duro para acabar la mayoría de los bordes, lo que fue un trabajo más arduo delo que había pensado. A pesar que me costó un poco, siempre podía contar con la ayuda de David. Siempre estaba dispuesto para proveer con el apropiado comentario para ver que estaba teniendo éxito. David fue la clave que me ayudó a construir mi autoestima como artista y eso me llevó a convertirme en el nuevo artista invitado de la galería.

En Abril del 2016 contacté con John Gustav-Wrathall, presidente de Afirmación, para donar algunas obras para subastar y que el dinero lo recaude Afirmación, para devolver el préstamo que había recibido para asistir a todas las sesiones de mi primera conferencia de Afirmación en Provo. En ese tiempo había decidido hacer una pintura especial. Me inspiré y completé una obra de cuarenta y cinco por sesenta centímetros, titulada: «Los SUD LGBT levantándose por encima para enseñar el verdadero amor». Tuve ayuda de Jason para organizar la subasta como también de Steven Buhler. Desde las sombras David Margetson seguía allí, apoyándome.

Me alegré de que Steve Buhler consiguiera el arte de Daniel Freed y las fotografías de Drew Armstrong para la subasta. Fue tan grandioso ver cómo otros apoyaban lo que yo había empezado y que significaba tanto para mí. Se sentía como si por fin perteneciera a una familia. La subasta fue un gran éxito recaudando un poco más de mil quinientos dólares. Cerca de la hermosa experiencia que tuve en la conferencia en Provo, me acerqué a John Gustav-Wrathall y le agradecí por la oportunidad de servir y le informé que sería feliz en continuar estas subastas mientras viva. Me señaló que tiene toda la voluntad de acompañarme en esta aventura. Me sentí tan bendecido cuando algunos de los miembros de Afirmación se acercaron y me pidieron que pinte algunas obras para ellos. Qué gran impacto tuvo en mi vida que Grant Kratz y Peter Howland tuvieran mis pinturas colgadas en su hogar.

Las cosas están mejor y siento que tengo un propósito en mi vida por los años que me queden. En noviembre del 2016 fui invitado a ser artista permanente en la galería. Mucho por causa de John, mi ángel; David Margetson quién fue mi mentor para llegar a este momento; Jason, mi compañero, que me apoyó aún en mis ciclos maníacos y depresivos sin dudarlo; Jayne —mi vecina en el desierto—; y todos los que son parte de Afirmación, quienes me aceptaron por lo que soy y han compartido sus historias, las malas y las buenas. Si no fuera por Afirmación, todavía estaría sufriendo y luchando para sobrevivir.

El más grande agradecimiento es para mi Padre Celestial y su Hijo Jesucristo. He subido desde el fondo del infierno para estar en medio de sus bendecidos hijos, para dar a otros, y mostrarles que la vida existe para aquellos que son LGBT, y que tenemos un significado y un propósito. Él es el único que me ha dado los talentos, y que ha estado conmigo a través de las experiencias de mi vida, incluyendo poder aceptar, finalmente, que soy gay. He sido guiado a la pintura por Nuestro Padre Celestial a través de sus otros hijos como David Margetson, y como otros, que también puso en mi camino. Si no hubiera salido del armario, no habría pintado. Y no es coincidencia. Es Su propósito.

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