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Nuestra identidad es el núcleo de nuestro ser y nos ayuda a comprender quiénes somos

hombre ciudad horizonte
Foto: Thomas Hawk/Flickr, Derechos reservados.

Por Ron Raynes

Esta charla fue dada el 10 de junio del 2018, en un servicio de la Comunidad de Cristo.

Identidad. Piense por un momento en el significado y las implicaciones de esa palabra. La identidad es el núcleo de nuestro ser y nos ayuda a comprender quiénes somos. Muchos aspectos de nuestra identidad individual provienen del nacimiento sin nuestra decisión consciente, como los rasgos físicos heredados, la personalidad, el género, la orientación, el origen étnico, etc. Tampoco elegimos las familias en las que nacemos, la cultura de la sociedad o las creencias religiosas en nuestros hogares, nuestro acceso a la educación o la pobreza o riqueza que puede rodearnos a lo largo de la vida. Pero luego, por supuesto, existen las innumerables opciones que tenemos para decidir por nosotros mismos quiénes queremos ser o qué hacemos con nuestras vidas, nuestros talentos y dones, día tras día y año tras año. Todo esto es parte de nuestra «Identidad».

Cuando Jesús preguntó: «¿Quiénes son mis hermanos?» (Marcos 3:33), no se estaba distanciando intencionalmente de su familia que estaba esperando afuera, sino que estaba abriendo una visión de la comunidad de Dios e invitándonos a todos a dar un paso en Su identidad y en Su servicio en la casa de Dios. Acepté esa invitación cuando tenía casi 17 años. Tomé una decisión que alteró radicalmente la identidad y el curso de mi vida… Entré en las aguas del río Rogue, donde me bauticé en una nueva vida de fe y religión. Práctica conocida como mormonismo. Tomé la decisión consciente de convertirme en «religioso» cuando era un adulto joven, apartado de mi familia y sin conocer las implicaciones y las realidades posteriores de esa elección.

¡Eso fue hace casi 44 años y, de hecho, ha corrido mucha agua bajo ese viejo puente mientras tanto! A lo largo de este viaje de fe, he aprendido y evolucionado en mi identidad como creyente y como ser humano moral. No me arrepiento de mi decisión religiosa: ha informado mi vida y me ha brindado oportunidades y crecimiento que me ayudaron a entender a Dios y mi relación espiritual conmigo mismo y con los demás, y cómo amar, servir e interactuar con las muchas personas de mi vida. Pero tampoco han sido todo rosas y arco iris. A lo largo de mi camino, también he aprendido a cuestionar y dudar de la autoridad religiosa. En los últimos años he luchado contra la disonancia espiritual, el rechazo religioso y, francamente, la pérdida de la fe. Es de esa parte conflictiva de mi viaje que quiero reflexionar en mi charla de hoy porque creo que aquí es donde aprendemos más de nuestras vidas.

Para aquellos de ustedes que no lo saben, soy gay, al igual que muchos en mi generación que crecieron y llegaron a la mayoría de edad en los 70, ¡realmente no quería ser homosexual! Creo que parte de la razón por la que me uní a la Iglesia SUD fue porque tenía miedo de mi identidad inherente y quería abrazar una vida de familia y reglas y estructura que harían que “eso” desapareciera. Asimilé con confianza la aseveración de la Iglesia SUD de que ser gay era solo una elección mundana y que podía superar esa “debilidad” mediante la obediencia a un patrón de vida recto, donde la actividad de la familia y la Iglesia reemplazaría mis atracciones naturales con una orientación más aceptable para Dios. Oh, wow, me equivoqué, no solo en esas falsas esperanzas, sino en confiar en otros para dictar quién y qué debería ser, ¡sin conocerme por dentro primero y creer en mí mismo, y creer en un Dios amoroso, que me ayudaría a seguir mi corazón!

Así que hace unos 18 años, después de casi 20 años de matrimonio, comencé a darme cuenta de que quién era yo, tanto espiritual como físicamente. Estaba aplastado dentro de un armario de mi propia creación y que tenía que «salir». Abrí la puerta y busqué la comprensión por la que estaba tan hambriento, pero también temía por el bienestar de mi familia y hacia dónde podría llevarnos este proceso. Y luego el cáncer de mi madre volvió, y me enfrenté a la realidad de lo corta y frágil que es la vida.

Durante nuestra última visita real, mamá me dijo: «Sólo quiero que seas feliz». Me doy cuenta ahora que esas eran palabras clave. Ella sabía que yo era gay, incluso si no lo admitiera. Después de que mi madre falleció, tomé la decisión de regresar a mi hogar en Oregón, dejando un trabajo estable en Cincinnati, y eso nos pondría al revés en los próximos diez años. En medio de ese caos, descubrí cómo el Señor conocía mi viaje, de principio a fin.

Parte de mi yo «gay» que me ha traído una gran alegría a lo largo de mi vida es la identidad creativa con la que he sido bendecido y que he magnificado, los dones de la imaginación, la curiosidad y la expresión personal a través de la música, el arte y las palabras. La mayoría de ustedes sabe de mi voz de canto, pero también tengo una voz poética, y quiero compartir cuatro de mis poemas con ustedes porque hablan en imágenes y en significados en capas que de otra manera no podría comunicar. Los poemas son una forma en que la voz del Espíritu me habla, y lo que es más importante, una forma en que escucho y encuentro la verdad.

El primer poema es, «Ir hacia Sión (Face Towards Zion)». Comencé a escribir este poema en mi encrucijada en Cincinnati en 2001. El poema se desarrolló en tres estrofas, las dos primeras hablando de mi pasado y la última estrofa mirando al presente y mirando hacia el futuro :

Ir hacia Sión

En el abrigo de la primavera los ojos de mi corazón buscan
Los distantes valles de las montañas, custodian sobre los desconocidos océanos.
¿Debería dejar atrás los delicados pastos verdes de mi hogar?
Los corderos solamente le balan a su madre hasta que crecen,
Entonces encuentran pasturas por sus medios. Soñaré con praderas,
Sin final tal como el cielo, y lleno de promesas del futuro.

Deja atrás las formas de la buena educación, el suave cuidado
De los padres y amigos, no verlos o abrazarlos nunca más.
Debo morderme el labio, dejar que mis lágrimas marquen un rincón de mi alma,
Y aún así moverme sin pausa hacia adelante, un paso a la vez.
Oh, déjame ver más allá de las montañas y avistar el brillo de la ciudad
Donde Él que vigila no se adormece ni duerme.

Hoy escucharé Su voz, me arrodillaré a un lado del quieto arroyo
¡Y nunca sentiré sed otra vez! Guíame, oh tú, gran Jehovah,
A lo largo del turbio lodazal o ardiente y polvoriento camino, nada importa.
Con alegría tiraré de mi carro de mano para unirme a Enoc y los de un solo corazón–
Y si soy solamente un extraño en la tierra, entonces déjame ir
a Sión, mientras cierro mis ojos en paz, y espero al Señor.

No sabía que este poema iba a ser mi hoja de ruta de «salida», pero lo fue. No tengo tiempo para explicar todos los detalles, pero este poema, inspirado en las escrituras más favoritas y la alegoría del pionero mormón, habla de dejar atrás lo cómodo y estar dispuesto a renunciar a todo por la causa de Sión y de encontrarnos a nosotros mismos a través de la fe. Ya había hecho esto una vez antes, décadas antes, cuando me fui de casa y me uní a la Iglesia mormona, y ahora estaba preparado para hacerlo todo de nuevo. Creí plenamente que el Señor me mostraría el camino. Y todavía lo hago.

La última línea del poema me habló poderosamente una década después de que lo escribiera: «Y si soy solamente un extraño en la tierra, entonces déjame ir a Sión, mientras cierro mis ojos en paz, y espero al Señor». De esa sola línea iban a venir tres poemas más.

Pero, ¿qué estaba diciendo, «si soy solamente un extraño en la tierra»? ¡Tenía miedo de convertirme en esa persona extraña! ¿Cómo podría ser un extraño en mi querida tierra de Sión?

Así que aquí está el segundo poema, «Extraño en la tierra», que explora y comienza a abrazar mi identidad gay. Aquí están los elementos del anhelo y la tensión de mí, amando a un hombre, aún si ese hombre es la Deidad misma.

Extraño en la tierra

Él vino a mí tarde en la nocfe,
Como un sueño, casi desconectado,
Podía ver su rostro, la imagen flotando.

Es tiempo que entre nosotros, diferentes mundos
Se cruzan en el espacio, aún me llama
A mí, sonriendo… Amabilidad en sus ojos.

¿Cómo alcanzarlo, mientras espera
en mi cama, extendiéndome su mano?
Tomo la imagen y aún así desaparece.

¡Oh, que yo pueda abrazar la verdad de él!
Los pies con sandalias agitando el polvo del desierto,
El agua cálida de su tabernáculo de barro.

No mediré las palabras. Él me consume.
Este extraño, este hombre simple.
No puedo descansar, sino que debo seguir sus pasos.

Desde atrás de una espinosa acacia, lo observo.
Observo las multitudes presionándolo, necesitados.
Consiguiendo la vida de él, y aún así lo abandonan.

Déjame ir a él, y tocar su rostro suávemente,
Devolviendo una sonrisa por otra tierna sonrisa. Él no será
Un extraño para mí, sin nadie detrás de las puertas.

El gallo canta, y aún lo niego. Lágrimas.
Debería quedarme, luchar para demostrar otra cosa,
Pero el tiempo parpadea, me vuelvo y él se ha ido.

Avanzando una docena de años después de Cincinnati en mi viaje de fe, y me encuentro en Eugene, aún mormón, activo y creyente y ahora abiertamente gay, que presta servicios en la familia de mi barrio. Creía que la iglesia me estaba permitiendo hacerlo todo. Y luego, el cambio de la política SUD que excluye a las familias LGBT de participar plenamente en la Iglesia ocurrió en noviembre de 2015. Simplemente me puse de pie y dije: «¡NO, creo que esta política está mal!» Y luego mi estable y cómodo mundo gay mormón comenzó a lentamente a romperse.

Más sobre el tema de la identidad. ¿Qué podemos hacer cuando nos damos cuenta que nuestra identidad, la identidad genuina que nos hace felices, la que nos envuelve, la que es honesta, ya no encaja ni se corresponde con la cultura? ¿Reprimimos esa identidad y nos ajustamos a la cultura, o continuamos en un nuevo camino de descubrimiento?

Te invito a pensar quién eres este mes de Orgullo, que es realmente una celebración de ser nosotros mismos y afirmar las identidades únicas de cada uno. Es más que solamente una fiesta para gays.

«Y si soy solamente un extraño en la tierra, entonces déjame ir a Sión, mientras cierro mis ojos en paz, y espero al Señor». El poema número tres me tomó por sorpresa… fue como un dictado, durante un período donde comencé a cuestionar lo que me rodeaba… lo que parecía maravilloso, la confianza que sentía en mi religión, era capaz de causar daño e ilusión. Así que esto es lo que llamo mi «poema de protesta», … Cerrar suavemente mis ojos. El poema comienza y termina con la primera y única oración de la infancia que aprendí, que me enseñó mi madre.

Gently Close My Eyes

Ahora me acuesto a dormir,
Y le pido al Señor me guarde mi alma.

Observé a los niños jugar en un charco de la calle.
Los observé pasar son sus bicicletas por el medio,
Salpicándose unos a otros con grandes gotas de risas.

Observé las ovejas mojándose en el cerro, en medio de la llovizna.
Observé cómo pastaban sin preocupaciones al lado de la
llama muerta que había mirado sobre ellas por años.

Observé al forastero sentado debajo de un árbol que goteaba.
Observé cómo todos pasaban a su lado, a pesar de
Los pedazos de cartón mojados donde pedía ayuda y comida.

Observé el hielo que se formó en las dormidas ramitas.
Observé cómo su peso doblaba hacia abajo las ramas
Y sacudirse cuando finalmente los árboles se partieron.

Observé las lágrimas formarse lentamente en los ojos de ella.
Observé a él silenciosamente empacar su esperanza en una pequeña
Maleta, una vida entera buscando una conexión.

Observamos la tierna planta morir por falta de agua.
Observamos sus hojas marchitarse, encojerse
Y volverse lentamente marrones. No hicimos nada, excepto observar.

Y si muero antes de despertar,
Le pido al Señor que lleve mi alma.

El mensaje impactante de este poema para mí es que soy el cónyuge gay, que abandona al cónyuge hetero, que es la Iglesia, por algo de lo que no estoy seguro, porque no hay intimidad, no hay confianza y ya no hay una conexión. ¿Cómo sabemos cuándo ya no somos aceptables? Es esa realidad naciente de ser juzgados, etiquetados y desechados, aunque digan que te aman. Esta es una forma segura de saber que no te apoyan por quién eliges ser. ¡La lección de todo esto es que debemos respetar el derecho de autodeterminación de los demás! «¿Quiénes son mis hermanos?» Preguntó Jesús. Y luego dijo: «El que hace la voluntad de Dios es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Esto plantea la pregunta: «¿Cuál es la voluntad de Dios?» Es amar, ¿no es así? Aceptarse el uno al otro como iguales. Tal es el mandamiento más grande de Dios. La aceptación y el amor son lo que nos trajo aquí y nos mantendrá aquí. ¡Estoy muy agradecido por esta hermosa Comunidad de Cristo, donde solo sentimos amor!

El cuarto y último poema surge de las palabras de Isaías 40:31:

Pero los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán.

Solo puedo decir que mi testimonio de nuestro divino Creador es real para mí y se basa en mis experiencias personales con ellos. Sé que Dios vive porque he sentido repetidamente su amor y dirección en mi vida. Sé que todos somos «hijos de Dios», hermanos y hermanas conectados en una familia humana que sigue y sigue. Tengo fe y esperanza en esta conexión, por sobre todo.

Espera en el Señor

¿A quién enviaré? Las estrellas forman galaxias
Sin fin, tantas que no lo podemos comprender.
Padre, Madre, se han ido y aún estoy conectado.
La materia se adapta y forma moléculas que dirigen
Mi propio yo, vivo en un universo de células y tejidos y

Fe y deseo. Porque no hay espacio donde no
Haya reino. Inferior o superior, mi alma es fuego blanco,
Oxigenando la materia de la vida, cambiando electrones sin
La sensación del caos de más allá. ¿Dónde está el rítmico corazón
que silenciosamente comprende? El Bálsamo de Galaad recoge

La resina de la que hablamos. Cantaremos nuevas canciones.
El coro está ocupado ensayando nuestra armonía, todos iguales.
¡¿Esperar?! No puedo estar quieto, aún si mi parte comienza en
Veintitrés compaces. Cierro mis ojos, evoco mis visiones,
Pero no freno el inconsciente movimiento de mi corazón

Latiendo a su propio ritmo de virtud. En el horno de la aflicción
La cálida canela emite su familiar esencia otra vez.
Y todavía debo estar–Tiemblo por la espectativa. La paciencia espera
Dentro de los nervios de la esperanza, aumentando como sobre las alas de águilas.
¡Oh Señor,  tu vara y tu cayado me infunden aliento!

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