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Por sus frutos los conoceréis

Escrito por: Isra Flores Álvarez

¿Se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, más el árbol malo da malos frutos. No puede el árbol bueno dar malos frutos, ni el árbol malo dar buenos frutos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. (Mateo 7:16-20)

Cuando escuché por primera vez a un hombre mormón gay expresar gratitud al Padre Celestial por bendecirlo para encontrar y casarse con su esposo, me quedé sorprendido… muy gratamente sorprendido. Desde entonces, he escuchado a muchos otros hombres y mujeres SUD testificar de la inspiración divina que recibieron, la cual los llevó a vivir una relación con su pareja del mismo sexo. Ellos reconocen la mano del Señor al traerlos a ese momento, y continúan incluyendo al Salvador como parte de su matrimonio. Esto no sólo desafía los estereotipos arcaicos sobre las relaciones homosexuales, sino que desafía el paradigma común mormón acerca de lo que el Padre Celestial acepta como una relación familiar justa.

Es inconcebible para la mayoría de los mormones convencionales sugerir que el Padre Celestial bendeciría, y mucho menos inspiraría y facilitaría, un matrimonio del mismo sexo. Incluso llaman blasfemo a los miembros gay por orar con ese propósito. Esto es porque ven una orientación sexual distinta a la heterosexual como un pecado y una perversión. En su opinión, todas las personas nacen en rectitud y debido a la conducta pecaminosa (es decir, siendo sexualmente molestados siendo niños o experimentando en la adolescencia) se convirtieron en pervertidos. La mayoría aún no acepta la posición oficial de la Iglesia de que ser gay no es un pecado ni una elección.

Mientras que la Iglesia debe ser aplaudida por reconocer que ser gay no es un pecado ni una elección, sigue definiendo la Ley de la Castidad desde una perspectiva heteronormativa sesgada:

“Las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer que no están casados, o entre personas del mismo sexo, violan una de las leyes más importantes de nuestro Padre en el Cielo y se interponen en el camino de nuestro progreso eterno.” (lds.org, Gospel Topics, “Atracción del mismo sexo”)

Sin embargo, esta interpretación de la Ley de Castidad tiene sus orígenes en el hecho de que a las parejas del mismo sexo no se les permitía estar legalmente casadas. La inmoralidad de las relaciones sexuales fuera de los vínculos del matrimonio es universalmente aceptada entre la mayoría de las religiones del mundo. Ahora que el matrimonio entre personas del mismo sexo es reconocido y protegido por la ley en los 50 estados y territorios de los Estados Unidos, y en un creciente número de naciones alrededor del mundo, es necesaria una actualización de la actual definición SUD. La frase “que no están casados” debería ser movida ligeramente a la derecha y decir:

“Las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer o entre personas del mismo sexo, que no están casadas, violan una de las leyes más importantes de nuestro Padre en el Cielo y se interponen en el camino de nuestro progreso eterno”.

La definición oficial de castidad de la Iglesia ya lo expresa así:

“Castidad significa no tener relaciones sexuales antes del matrimonio. También significa fidelidad completa al esposo o esposa durante el matrimonio.” (lds.org, Gospel Topics,”Castidad”)

Esta definición de castidad está mucho más alineada con lo que los miembros de la Iglesia deben observar a fin de conservar su alianza con Dios. El convenio del Templo requiere la abstinencia de todas las relaciones sexuales excepto con la persona a la que se está legalmente casado. Es un pacto que incluso parejas del mismo sexo pueden mantener.

Los líderes de la iglesia y otros miembros insisten en que los miembros homosexuales deben soportar sus “aflicciones” con paciencia (como si ser gay fuese una enfermedad o discapacidad) y permanecer célibes para toda la vida, mientras ellos mismos disfrutan de la compañía y la intimidad sexual de su propio matrimonio. Ellos argumentan que no es diferente a pedir que los solteros de la iglesia permanezcan célibes. No es lo mismo, porque los solteros heterosexuales tienen la opción de casarse y de amar a alguien en alineación con su orientación sexual. A los miembros gay se les dice que nunca pueden amar a alguien en armonía con su orientación sexual, y deben permanecer célibes por el resto de sus vidas.

Incluso el Salvador enseñó que el celibato no es para todos, sino sólo para aquellos “a los que es dado” y sólo si son “capaces de recibirlo” (Mateo 19: 11-12). Cuando un miembro LGBT no se siente llamado al celibato y no es personalmente capaz de recibirlo, y en su lugar elige casarse con alguien del mismo sexo, son avergonzados, condenados, condenados al ostracismo, excomulgados y etiquetados como apóstatas. Sé que esto no es lo que el Salvador desearía que sucediera en su iglesia.
Cuando me sinceré con mi hermana, que es una miembro devoto de la Iglesia, le pregunté cómo se sentiría si la Iglesia le dijera que no podía casarse con un hombre y que tenía que permanecer célibe o casarse con una mujer. Su orientación sexual está orientada hacia el sexo opuesto, y la idea de que la Iglesia le exigiera que renunciara a su esposo y viviera una vida célibe o se casara con una mujer sería sorprendente para ella. Le pregunté cuán obediente pensaba que podía ser si fuera un mandamiento. De repente, tuvo una visión del punto de vista del miembro gay. Fue un gran cambio de paradigma para ella.
Cuando se trata de la cuestión de los miembros LGBT y su obediencia a los dictados actuales de la Iglesia, la mejor lección de las escrituras es la historia de Adán y Eva. Es interesante cómo la primera lección enseñada en la Biblia no es sobre “obediencia”, como muchos han supuesto erróneamente, realmente se trata de “ser nuestros propios agentes”.
En el jardín del Edén, el Señor dio a Adán y Eva mandamientos que directamente entraron en conflicto entre sí, de modo que era imposible ser obediente a ambos. Se les ordenó que no comieran del fruto del árbol, y al mismo tiempo se les ordenó que fecundasen y se multiplicaran. Para obedecer a uno se requiere desobedecer al otro. No se trataba de que Dios quisiera que fuesen obedientes a toda costa. Lo que Dios quería era que Adán y Eva utilizasen su albedrio para elegir el camino que traería los mayores beneficios para la obra y la gloria de Dios. Se trataba de hacer una elección, por difícil que fuera, para lograr los mejores frutos.
Lo que obtengo de la historia de Adán y Eva es que usar nuestro albedrio para lograr lo mejor es muy superior a la obediencia ciega. También me recuerda la parábola de los talentos. Ser obediente es simplemente enterrar el talento – no crea las condiciones necesarias para el crecimiento. Es evidente que el Señor está interesado en que sus hijos multipliquen sus talentos, sean fructíferos y estén “anhelosamente consagrados a una causa buena, y hacer muchas cosas de su propia voluntad y efectuar mucha justicia; porque el poder está en ellos, y en esto vienen a ser sus propios agentes. Y en tanto que los hombres hagan lo bueno, de ninguna manera perderán su recompensa”(D. y C. 58: 27-28).
El Señor quiere que usemos los dones y talentos que nos ha dado para bendecir la vida de los demás, y no enterrarlos en el suelo ni ocultarlos bajo un almud. Mientras muchos en la iglesia consideran que ser LGBT es una maldición, una aflicción o una enfermedad, ser gay es realmente un regalo de Dios. Es irónico que tantos miembros gay traten de negar su realidad o de “curar a otros” tratando de deshacerse de las mismas cosas con la que Dios los ha bendecido. Él nos ha dado a los miembros LGBT regalos especiales, de los cuales podemos sentirnos orgullosos y agradecidos por haberlos recibido.
Como santos LGBT, hemos sido dotados con muchos dones y habilidades especiales que el Señor necesita en la iglesia y en su reino (y algún día la iglesia lo descubrirá). Esta es una razón por la cual se ha estimado que muchos en posiciones de liderazgo de la iglesia son gay. Yo era un obispo y ocupaba otros cargos claves en la iglesia antes de salir del closet, y muchas de las cualidades que necesitaba para magnificar esos llamamientos estaban directamente relacionadas con mi personalidad como gay. Cualidades como compasión y sensibilidad, por nombrar algunas, son tan importantes para el liderazgo y el servicio de la iglesia, y son cualidades comunes entre los miembros LGBT.
Los mormones gay están en una situación muy similar a la de Adán y Eva, y tienen que elegir entre ser obedientes a los dictados actuales de la iglesia o elegir un camino que les traerá mayor amor, alegría, crecimiento espiritual y dará cumplimiento a los propósitos de Dios.
Muchos mormones homosexuales están viviendo una vida llena de rectitud y bendiciones en un matrimonio homosexual comprometido. Es una decisión personal que sólo el miembro puede hacer por sí mismo. Pueden ser expulsados ​​del jardín del Edén debido a su elección, pero al final de sus días tendrán la oportunidad de tener una vida fructífera. Y como el Salvador enseñó, podemos saber lo que es verdadero y correcto por sus frutos. Por sus frutos los conoceréis.

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