Puedes ser premiado como maestro del año, pero igual puedes ser despedido por ser gay

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Brett Bigham fue premiado como Maestro Estatal del Año, en el 2014 en el estado de Oregon, y es miembro de la Red Nacional de Maestros Estatales del Año. Ha sido el único maestro de educación especial premiado como Maestro del Año y en ganar el Premio Nacional por la Excelencia en la Enseñanza (NEA National Award for Teaching Excellence).

 

Siento que soy demasiado joven para decir que tengo un lugar en la historia, pero es el Mes de la Historia LGBT y estoy reclamando ese lugar.

En 2014, fui nombrado Maestro del Año de Oregón. Me sentí inmensamente orgulloso del hecho de que fui el primer maestro de educación especial en recibir este prestigioso honor. No se me pasó por alto que también sería uno de los pocos docentes gay que habían ganado el premio.

Sabía por mi propia experiencia que pocos jóvenes LGBT tienen modelos a seguir en sus vidas. Tenía muchas ganas de mostrarle a nuestros jóvenes LGBT un futuro posible.

La palabra futuro es importante allí debido a mi pasado. Cuando tenía 15 años, mi mejor amigo vino a verme. Había estado saliendo con una chica y cuando se separaron, compartió que nunca más saldría con mujeres. Pensé que estaría bien, pero él no. Hablo de posibles futuros porque él no veía ninguno. Se puso una escopeta en la boca ese fin de semana.

Sabía que un Maestro del Año abiertamente homosexual enviaría un mensaje positivo a los jóvenes como mi amigo. Quería que vieran un futuro en el que pudieran trabajar, pudieran ser exitosos y pudieran encontrar el amor.

Mi distrito escolar tuvo una versión diferente de mi papel como Maestro del Año. Me ordenaron que no dijera que era homosexual, me dijeron que no podía escribir ni hablar nada a menos que el distrito aprobara mis palabras con anticipación y me dijeron que tendría que llevar todo el correo personal de casa para que lo abrieran y leyeran. Me dijeron que si decía que era gay alguien me iba a disparar en la cabeza.

En esa condición viví durante el año 2014, mi «año de servicio». Me encantaba mi trabajo pero seguía pensando en mi amigo que se suicidó. Fue su cara la que vi y me persiguió el pensamiento que había otra persona joven, en alguna parte, metiendo una bala en una escopeta o escapándose por medio de una botella de píldoras.

En mayo de ese año fui honrado, junto con los otros 53 Maestros del Año, en la Casa Blanca. Estuve a unos pasos detrás del presidente Obama mientras hablaba del compromiso que tienen los maestros con sus estudiantes.

Sus palabras me golpearon duro y fue como un rayo de sol que atravesó las nubes. Mi compromiso nunca fue con mi trabajo, siempre fue con los estudiantes. Al final de la ceremonia, el equipo de prensa de la Casa Blanca comenzó a hacer preguntas. Me quedé allí, fortaleciendo mi poder al pensar en mi amigo y en las horribles estadísticas de suicidio de la juventud gay.

Me acerqué al micrófono y hablé en apoyo de los jóvenes LGBT y que como profesor abiertamente gay estaba allí para mostrarles a esos niños que tenían un futuro.

Mi distrito lo vio como un acto de guerra y me atacaron duramente. Cuando solicité ir a una reunión sobre prevención del suicidio de un club de Alianza Gay- Hetero (Gay Straight Alliance, GSA), en la escuela secundaria local, me dijeron que no podía ir porque «reunirme con esos estudiantes no tiene ningún valor para este distrito».

Tomé un día libre por causas personales y fui de todos modos. No mucho después me despidieron, pero no antes de ocupar mi lugar en la historia LGBT. Luché y recuperé mi trabajo. Presenté quejas estatales y federales y salí a batear por aquellos jóvenes LGBT que no tienen un campeón. El superintendente fue despedido como mi supervisor. El jefe de educación especial fue removido de su puesto y el jefe de Recursos Humanos fue obligado a abandonar su trabajo. Hubo otras reprimendas y pocos meses después de mi despido, una elección eliminó a varios miembros de la junta escolar.

Mi distrito había intentado silenciarme. Me dijeron que los jóvenes LGBT no tenían ningún valor, pero el mensaje era claro. También sintieron que los profesores LGBT no tenían ningún valor, incluso si eran los Maestros del Año. Lo demostraron cuando me despidieron y arrastraron mi reputación a través del barro.

Pero la lección aquí era una lección sobre los futuros. Poco después de mi despido, asistí a otra reunión de la Alianza Gay- Hetero. Después de mi discurso, una joven vino a hablar conmigo. Ella era tímida y tenía dificultades para hacer contacto visual. Pero luego la vi erguirse más alto, me miró a los ojos y dijo: «Siento que lo que hiciste, lo hiciste por mí».

Y en sus ojos pude ver un futuro. No era un futuro oscuro lleno de dolor y autodesprecio, sino un futuro en el que se paraba más recta y se sentía importante. Ese momento hizo que cada momento de mi lucha valiera la pena. Es el momento en que siento que gané mi lugar en la historia LGBT.

El artículo se publicó originalmente en «Education Post», y puedes leerlo en inglés aquí: You Can Be Teacher of the Year and Still Get Fired for Being Gay

Traducido y publicado aquí con permiso.

2 Comments

  1. I am honored that this has been translated into Spanish. I share my story to make change so to the person who took the time to do this, thank you from the bottom of my heart.

    My Spanish is terrible. Once, while in Cuba, the police were arresting my friend and I kept trying to tell them, “He is helping me, he is a good Cuban!” My friend later told me I was yelling at the police “My friend is a good shoe!” So I will use google translator to keep from calling you a shoe or something worse!

    Me siento honrado de que esto haya sido traducido al español. Comparto mi historia para hacer cambios a la persona que se tomó el tiempo para hacer esto, gracias desde el fondo de mi corazón.

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