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Saliendo del closet con los líderes de la Iglesia

Mi nombre es Ben, soy profesor asistente en la Universidad de Arizona, amo los juegos de palabras y soy mormón.

La primera vez que salí del closet fue con Mitch y Craig en Agosto del 2007, ellos me aconsejaron que hablara con mi obispo acerca de mis sentimientos de atracción a mi mismo sexo. Estuve de acuerdo que era una buena idea, pero como estaba preparándome para mudarme en algunas semanas preferí esperar a estar en mi nuevo barrio. Me tomó tres meses reunir el coraje para hacer una cita para una entrevista con el obispo. Cuando llamé al secretario ejecutivo para hacer la cita no me preguntó acerca de qué era lo que quería hablar, solamente si necesitaría quince o treinta minutos. No sabía qué esperar, así que pedí treinta minutos.

Recientemente volví a leer en mi diario lo que escribí acerca del día que hablé con mi obispo de mi orientación sexual y estuve nervioso todo el día. Estaba petrificado porque no sabía qué me diría. Cuando llegué hablamos un poco y entonces me preguntó de qué quería hablar. Clavé los ojos en el suelo sin atreverme a mirarlo mientras le decía que me sentía atraído a los hombres. Él fue extremadamente amable y edificante. Me preguntó un poco de mis experiencias, me aseguró que podía servir en la Iglesia tal como cualquiera, me dijo que todavía estaba aprendiendo acerca de estas cosas, y eso fue todo. Hablamos acerca de mi sexualidad por cinco minutos y entonces seguimos hablando de otras cosas por otros quince minutos. Me fui temprano, sintiéndome tanto aliviado como confundido de que no hubiera sido un problema mayor. Parte de mí esperaba que él me diera una bendición del sacerdocio que me cure  o que me aconsejara sabiamente al punto que me ayudara a ver el mundo de forma diferente, pero mayormente me dijo que, mientras guarde mis convenios, podía continuar sirviendo en la Iglesia.

Desde aquella vez he hablado de mi orientación sexual con varios obispos. Típicamente me preguntan si estoy viviendo la ley de castidad, me dicen que me aman, y eso es todo. Muchos de ellos me alentaron que siga saliendo con mujeres y uno de ellos incluso me organizó una cita a ciegas con su hija justo después que le dijera que era gay (me sentí confundido con la elección del momento). Otro obispo me recomendó que salga con una lesbiana que había en el barrio (una vez más, me sentí bastante confundido). Después de explicarle por qué pensaba que era una idea terrible él dijo: «Sí, eso puede ser que no funcione demasiado bien». Aún cuando ninguno dijo algo que fuera particularmente provechoso o revelador, todos mis tratos con mis obispos, a pesar de ser gay, han sido extremadamente positivos. Mi actual obispo aún me dio permiso para compartir en una charla a todo el barrio que era gay y estoy tan agradecido que no dudó para dejarme hacerlo.

Desafortunadamente he conocido demasiadas personas quienes han tenido experiencias negativas al revelar su orientación sexual a sus líderes de la Iglesia. Una de mis amigas me dijo que cuando ella le dijo a su obispo que era lesbiana su primera respuesta fue: «No, no lo eres». Demasiado seguido la conversación se enfoca en cuales términos son, y no son, apropiados para usar como etiquetas en lugar de proveer a la persona gay sus necesidades espirituales y emocionales. He escuchado muchas historias como esta, de obispos que debilitan la experiencia de la persona mormona gay. He escuchado a muchos decir: «Simplemente mi obispo no lo comprende», después de decirle que era homosexual. Demasiado seguido los obispos hablan mucho, en lugar de escuchar y aprender.

Me estoy mudando a Utah al final del verano y estaré diciéndole a mi nuevo obispo que soy gay. He pensado mucho en lo que diría si él dice: «No, no eres gay», en ese momento. Entonces esto es lo que haría. Le diría que vaya a ministering.lds.org y  que haga click en la etiqueta: «Atracción hacia personas del mismo sexo», debajo de «Recursos para ministrar». Este es un sitio oficial de la Iglesia y se necesita ser un líder con una cuenta para acceder a él. Le invitaría a leer los primeros cinco párrafos de esa sección juntos. Entre otras cosas estos párrafos explican que las etiquetas significan diferentes cosas para diferentes personas y que está bien identificarse como gay o lesbiana. También hay pequeñas gemas como esta: «La parte más importante que usted puede hacer cuando un miembro revela los sentimientos de atracción hacia el mismo sexo es escucharlo y ayudarlo a sentirse bienvenido».

Le pediría a mi obispo que vaya más abajo, a la sección que se titula: «Entendiendo la situación». Desafortunadamente hay que hacer click a «expandir todo» para ver todo el contenido. En esta sección hay algunas de las preguntas sugeridas para ayudar al líder a entender la situación. Le invitaría a mi obispo a preguntarme cada una de esas cosas:

  • ¿Podría hablarme más de su experiencia? ¿Cómo ha sido esto para usted?
  • ¿Cómo ha afectado estos sentimientos a su vida? ¿Cuánto ha afectado a la vida de sus amigos y familia?
  • ¿Cómo puedo ayudarlo?
  • ¿Le gustaría tener entrevistas regulare para hablar de estos temas?
  • Las etiquetas tienen diferente significado para diferentes personas. ¿Qué significa para usted la palabra gay (o lesbiana, o bisexual, o atraído hacia el mismo sexo, etc.)?

A causa de estas preguntas se abrirán las puertas a lo que espero que será una provechosa charla y me evitará tener que escuchar consejos mal fundados.  Y si me sintiera particularmente osado le pediría que buscara más abajo, a la sección titulada: «Usar los recursos de barrio y la estaca». Le señalaría el segundo ítem de esa sección que dice: «Considere discutir el asunto en el consejo de barrio o en la lección del quinto domingo». Entonces me ofrecería para enseñar esa lección y le informaría que ya he dado la lección sobre la atracción hacia el mismo sexo en otras capillas. Es importante que los líderes de la Iglesia aprendan cómo responder cuando los miembros de su capilla les dicen que son gais. La primera vez que le dije a mi obispo que era gay me sentía extremadamente vulnerable. Fue uno de los momentos más vulnerables y frágiles de mi vida. Me habría destrozado si mi obispo hubiera invalidado mi experiencia en lugar de responder con amor y preocupación. De las historias que he escuchado veo que hay demasiados líderes que no saben cómo reaccionar apropiadamente cuando alguien se declara gay. Afortunadamente la Iglesia tiene un recurso para ayudarles a saber qué hacer. Si me encuentro con un obispo que lo ignora, simplemente le señalo ese recurso, entonces él puede aprender conmigo.

 

Originalmente publicado en el blog: «What I think about», puedes leer el artículo en inglés aquí, y el relato de cómo Ben habló con sus amigos Mitch y Craig aquí, también en inglés.

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