Sé que Dios me ama

Soy la hermana Sonia, vivo en Argentina, soy una mujer transgénero y soy miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días desde hace diecisiete años. Permanecí activa en la Iglesia por diez años, aproximadamente, en los cuales serví en diferentes llamamientos,  crecí como miembro y fortalecí mi testimonio de Dios el Padre, Jesucristo el Hijo, y su maravillosa obra.

Sin embargo durante todo este tiempo conservé intacto un extraño sentimiento el cual me había acompañado desde mi más tierna infancia; yo había nacido biológicamente hombre  pero mentalmente yo era una mujer. Mis sentimientos, gustos, apetencias, inclinaciones, hobbies, ademanes, gestos, etc., eran absolutamente femeninos; pero, como dice la expresión, me mantuve dentro del armario por muchos años de mi vida tratando de evitar el rechazo y buscando aceptación por parte de mi entorno, incluida la Iglesia.

Fue un período difícil, confuso, triste e incierto; soporté lo más que pude, Dios lo sabe. Pero después de mucho pensarlo tomé la decisión de que el tiempo del cambio había llegado; debía salvarme a mí misma; estaba decidida, nada ni nadie me haría retroceder.

Entonces tuve que alejarme de la Iglesia y comencé mi transformación la cual estuvo basada en largos tratamientos hormonales, procedimientos incómodos y cirugías invasivas  pero era el camino que me llevaría al lugar donde quería estar.

Fue un proceso largo y lento pero valió la pena. Sin embrago mi tranquilidad no era completa,  yo sentía que le había fallado a mi Creador, a mi Salvador y a mi fe; esa idea me mortificó por un largo tiempo; hasta que conocí Afirmación,  que se convirtió en un salvavidas que me sacó a flote. Allí encontré gente que había tenido experiencias similares a la mía, personas que habían logrado superar sus tristezas, complejos, sentimientos de culpa y traumas y ahora podían sonreír espontáneamente. Seres maravillosos que me apoyaron, ayudaron y amaron. En Afirmación comencé mi proceso de sanación, pude aceptarme a mí misma y, lo más importante, me reconcilié con lo Divino. Afirmación es una gran familia donde todos llevamos adelante una  obra de amor hacia las personas LGTBQ+.

Yo sé que cada  uno de nosotros es un hijo de Dios y como tales contamos con su inmenso e incondicional amor. No claudiquemos nunca en buscar nuestra felicidad y no dejemos que nuestro resplandor se apague jamás, por el contrario, hagamos que cada día brille más porque con nuestra luz podremos iluminar la vida de muchos hermanos que aún se encuentran a oscuras. Les amo y les dejo mis saludos:

         Hna. Sonia.

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