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Blog, Rostros de Afirmación

Su amor no tiene límites

Hola a todos.

Mi nombre es George Sebastián Pérez. Tengo 28 años de edad. Vivo actualmente en Palmira, Valle del Cauca, Colombia. Hace ya casi diez años conocí la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y tengo ese tiempo de ser miembro. Hace tres años serví una misión de tiempo completo y llevo casi dos años de haberme casado y sellado en Templo de Bogotá, Colombia.

Fui criado por mi madre, abuela y tíos en un entorno maravilloso. Todos éramos católicos en esos tiempos y muchos tenían ideas bastante radicales, debido a eso decidí ocultar muy en el fondo de mí lo que era más importante: soy gay.

Toda mi vida traté de ocultarlo y de negarlo a toda costa, aún más cuando conocí la Iglesia y obtuve un testimonio personal del Evangelio restaurado. Muchos de mis ayunos fueron dedicados con el propósito de ser «sanado» de mi homosexualidad. Me obligaba a encontrar atractivos en las mujeres. Cada vez que me preguntaban si era gay lo negaba y hasta me enojaba por ello. Pasé momentos realmente difíciles.

Viví una situación bastante compleja donde líderes, miembros y aun mi esposa me difamaron, incluso se encargaron de hacer pública mi condición sexual. Pasé muy malos momentos gracias a eso al punto de que fui diagnosticado con depresión, tuve cuadros agudos de esta enfermedad y quisieron internarme en una clínica de reposo debido a que estuve cerca de suicidarme. Después de vivir situaciones tan complejas mi hermana quiso apoyarme y desde mi separación hizo lo necesario para que yo pudiera tener acompañamiento psicológico, gracias a Dios tuve la guía de una excelente profesional. Aunque estaba tomando mis medicamentos regularmente y estaba teniendo terapia con la psicóloga mi vida aún se sentía vacía y eso me llevó a tomarme un tiempo para analizarme e identificar qué era eso que me hacía falta.

En noviembre del año 2016, después de enfrentar una crisis muy fuerte recordé que una amiga muy especial había hablado de «Afirmación: Mormones LGBT, Familias y Amigos», ella había escuchado toda clase de comentarios y por ello quise investigar. La primera vez que asistí al grupo fue para la cena de Navidad de ese año. Fue mucho más de lo que esperaba, de hecho, sentí la compañía del Espíritu Santo en esa ocasión así que cambió la perspectiva que tenía. Fue tan especial e interesante que decidí investigar más a fondo y hacerlo buscando guía divina. Hasta ese momento no me había aceptado plenamente.

Al conocer este grupo pude afirmarme como hijo de Dios y como gay. Recibí respuesta a la pregunta que por muchos años le hice a Dios: «¿Por qué no aceptas la homosexualidad como algo normal y natural?». Por fin mi Padre me hizo saber que quien no lo aceptaba era yo, que Él me conoce personal e íntimamente y que me ama de una manera tan pura que no puedo explicar. Pude saber que el ser homosexual también hace parte de Su plan eterno y que sólo mediante la búsqueda sincera y desinteresada Él nos hace saber la verdad «porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos». (Isaías 55:8-9)

Hoy puedo decir, como lo expresé en la Conferencia Anual de Afirmación, que he llegado a aceptarme porque mi Dios me aceptó primero, que mi homosexualidad es un don sagrado que Él me ha brindado y que haciendo uso sabio de mis dones debo servir a quienes me rodean. Él me ama y me lo ha hecho saber de muchas maneras, pero una en especial, por medio de mi madre, ella no había aceptado muy bien el hecho de que yo fuera gay, pero en medio de su dolor también recibió respuesta de Dios. Él le dijo que no se preocupara por mí que ahora estaba haciendo lo correcto y que Él me amaba tal cual como soy.

Para muchos será muy difícil de comprenderlo, así como lo fue para mí, pero gracias a esforzarme por tener una relación más estrecha con Dios y a que Afirmación haya llegado a mi vida en un momento crucial es que hoy puedo decir que soy gay, que me amo, que por Dios es que puedo ser. Sé que Él desea mi felicidad eterna y que esa no la puedo basar en la mentira de que seré feliz en un matrimonio con una mujer pues Él desea que yo llegue a escoger uno de Sus hijos como esposo. Agradezco que tengo una familia que me ama, acepta y apoya, con la que cuento en todo momento y que sabe que pueden contar conmigo. He vivido diferentes situaciones y en cada una de ellas he visto como Dios actúa para que éstas se tornen para mi beneficio.

Dios no sólo envío a Su hijo Jesucristo para salvar, envío a mi vida a Afirmación para confirmarme su intención de hacerme salvo. Afirmación me salvó de terminar con mi vida y eso es algo que agradeceré eternamente. Aun sufro algunos síntomas de la depresión, pero hoy cuento con muchas más herramientas para poder vencer esta enfermedad. He conocido grandes seres humanos que han aportado a mi vida cosas maravillosas, con los cuales he podido forjar mi carácter. Ahora puedo ver con mayor claridad hacia el futuro y saber que Dios me tiene preparado un lugar en Su presencia junto con la familia que tengo y con la que tendré. Sé que Él, literalmente, no hace acepción de personas y que todos podemos ir a Él y recibir de sus bendiciones pues Su amor no tiene límites ni condiciones. Sé que, así como Afirmación ha sido un gran apoyo y me ha ayudado tanto a mí, también lo hará para toda persona que lo necesite, allí podemos encontrar el abrazo fraterno de personas que comparten nuestra condición y que, tal vez, también hayan vivido nuestras experiencias.

Mi testimonio del Evangelio restaurado de Jesucristo permanece y ahora cuento con un testimonio adicional acerca de mi condición que, aunque muchos lo vean contradictorio es, a la verdad, un testimonio dado por el Espíritu a mi espíritu. Un día volveremos con nuestro Dios y lo conoceremos exactamente como es.

 

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