Una felicidad que no depende de la edad

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Cuento de Luiz Correa

 

Hoy es día de recibir a toda la familia en casa, todos los hijos y sus hijos, nueras y yernos. Estamos todos sentados en una gran sala conversando y yo sentado en mi silla preferida de donde puedo ver, oír, educar, dar broncas, llorar y pensar… pensar mucho, como en este momento de mi vida. Nunca pensé que pudiera llegar hasta aquí y ver en cada uno una sonrisa de felicidad por haber establecido su familia.

La alegría es tanta en sus rostros que no pueden ver mi mirada profunda y sonrisa amarilla. Pero, ¿por qué deberían hacerlo? Así como ellos también debería estar muy contento con este cuadro que veo delante de mí. Estoy, sí, estoy muy contento de que hayan logrado crear grandes hijos y que son felices con sus pares.

Muchas cosas están pasando en mi cabeza, ahora que cada uno ya tiene su camino trazado, todos tienen su propio hogar y familia, ahora que sólo tengo que cuidar de mí mismo, ya que estoy solo, pues mi compañera hace un año que nos dejó, por ese motivo es que todos estamos reunidos.

Pero al mismo tiempo, pienso lo que un hombre de 70 años puede ahora querer en su vida, a no ser esperar su momento de partida. Será que partiré, sin haber tenido en ningún momento de mi vida la oportunidad de vivir auténticamente, siendo lo que siempre supe que soy. Cuando joven hice la elección de no asumirme. Cuando joven tuve una gran pasión que aún es mi gran amor de mi vida. Un joven hermoso que estudiaba en la misma facultad que yo, teníamos planes de que al fin de la graduación, iríamos a vivir en Europa, pero la vida y mis padres no lo quisieron así.

Mis padres sabían que yo era diferente de mis hermanos, y no permitirían que aquello pudiera suceder en nuestra familia. Ellos prometieron que si eso sucediera perdería todos los derechos de hijo, incluso no pagarían más mi facultad de medicina. Yo no tenía trabajo, cómo me podría sostener, cómo tendría dinero para ir a Europa con mi gran amor. Todo aquello me fue consumiendo de tal manera, sin encontrar una solución para mi corazón y mi razón.

Por el comienzo de mi historia ustedes ya saben cuál fue mi elección, si fue cierta o equivocada, no sé. Pero fui feliz con mi esposa, tuve mi familia, crié a mis hijos, pero mi corazón aún hoy con todo eso vive apretado, aún tiene una voluntad enorme de encontrar el gran amor de mi vida. Me gustaría poder vivir lo poco que todavía me queda en esta vida con él a mi lado.

En la sala todos conversaban, hablaban de muchos asuntos, cuando, me levanté y pedí un poco de atención de todos. Les dije que necesitaba ir detrás de mi felicidad, de mi amor, todos pararon por un instante y sus miradas me preguntaban, de qué estás hablando, qué gran amor, qué felicidad si todo está aquí en esta sala. Cuando les dije a ellos quién era mi gran amor y cuál era la felicidad que me estaba refiriendo, el tiempo pareció haber parado, pues no se oía ni siquiera un solo respiro.

Reprensión, rechazo, manifestación de repudio y prejuicio, fue lo que ocurrió en aquella sala después de esta conversación, pero soy un hombre libre, veo la felicidad en cada uno de mis hijos, lo que me deja enormemente feliz, pero no serán ellos ahora, así como lo hicieron mis padres, lo que impedirá que yo fuera detrás de mi felicidad, estoy teniendo otra oportunidad y no voy a perderla ahora.

La felicidad se independiza de la edad, la felicidad tiene que haber con nuestras elecciones, fui feliz siendo un hombre que proveyó a su familia, no me arrepiento por eso en ningún momento, pero no quiero partir de esta vida, sin haber podido ser, por algún tiempo, el hombre gay que siempre fui.

No sé lo que la vida me reserva a los 70 años, pero quiero intentar, quiero sentir este lado de la felicidad, quiero morir, habiendo aprovechado todas las oportunidades que he tenido en la vida y ésta es ahora es mi prioridad.

Con el tiempo, te darás cuenta de que para ser feliz, necesitas aprender a gustarte, a cuidar de ti y, principalmente, a gustarte a la personas a quien también le gustas.

 

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