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Vivo feliz día a día – Parte 2

Por Rafael Soares

Se pasaron días hasta que me pregunté sobre todo lo que pasé en aquel lugar, ¿por qué me sentí bien allí? ¿Por qué quería volver? Hasta un día tomé coraje y regresé a aquel lugar. Pero, fui con mis investiduras, porque si algo intentaba atacarme y al menos estaría protegido y así lo hice. Una guerra acababa de comenzar entre razón y emoción que había sentido en mi primera visita, y siguió conmigo cuando fui otra vez. Me sentí fuera de lugar viendo personas que bebían alcohol, abrazadas, aparentemente felices y yo allí frustrado, confuso e indeciso pensando si aquello estaba bien, hasta que apareció un chico que vino a hablar conmigo. Yo estaba todo tímido, conversamos mucho y nada más sucedió en ese momento, pensé que era interesante, pero igualmente, mantuve mi postura. De todos modos intercambiamos nuestros números de contacto, y salimos algunas veces para conversar, nada de sexualidad, pero porque era amigo de algunos amigos míos tuve mucho recelo al hablar o sugerir algo entonces me quedé como estaba.

Comencé a tener millones de preguntas sobre todo lo que estaba sucediendo y le consultaba a Dios, en ese entonces era lo que más preguntaba. Fue una lucha interna de entender y aceptar el por qué me sentía atraído por aquel muchacho. Si yo había podido luchar contra tantas cosas ¿por qué no estaba consiguiendo luchar contra eso? Busqué Afirmación una vez más, y no tuve respuestas, pero yo quería saber por qué era diferente, ¿por qué era yo un mormón gay? ¿Por qué tenía aquello dentro de mí? Fui y busqué a Dios y oré sobre todo, lloraba queriendo entender todo lo que estaba frente a mí. Mi respuesta fue DyC 6:7-8: «no busquéis riquezas sino sabiduría; y he aquí, los misterios de Dios os serán revelados, y entonces seréis ricos. He aquí, rico es el que tiene la vida eterna. De cierto, de cierto os digo, que se os concederá según lo que de mí deseareis; y si queréis, seréis el medio para hacer mucho bien en esta generación». Leí aquellos versículos unas ocho veces sorprendido, y entendí lo que quería decirme.

El tiempo pasó y me involucré emocionalmente con este chico y empezamos a salir, el hecho de salir con alguien del mismo sexo me incomodaba mucho, en ese entonces prefería quedarme escondido para no ser juzgado por alguien de la Iglesia. Pero esa relación me estaba haciendo tan bien, el conflicto estaba siendo vencido por un sentimiento tan bueno que hacía años no había sentido, pero todavía el conflicto existía, pensaba «yo no voy a ser salvo».

Fui a los Estados Unidos en 2010 regresé a la Iglesia en la rama de Seward en Alaska, allí podría volver a frecuentar la Iglesia sin miedo porque nadie me conocía, pero estaba consciente de que estaba siendo alguien que en realidad no era, a pesar de estar guardando todos los mandamientos. Me mudé a Roosevelt en Utah, allí fue la mayor prueba de que la Iglesia podría de alguna manera afectarme directamente pues estaba en la sede mundial, donde la mayoría de las personas mormones querrían estar para poder vivir en plenitud con el evangelio por estar cerca del mismo profeta. En el caso de los homosexuales, ¿por qué los homosexuales son juzgados así? Tratados como enfermos, ¿dónde está tu mano de amparo en esa hora? Intenté ponerse en contacto con Afirmación en Salt Lake City, pero una vez más sin éxito. Así regresé a Brasil y cualquier oportunidad de entenderme con Afirmación acabó allí.

Los años pasaron, una vez más Afirmación aparece otra vez en mi vida, esta vez para resolver todas mis cuestiones pendientes con la Iglesia, el miedo de aceptarme como homosexual, el miedo a ser condenado, vino una vez más a presentarse en la conferencia de 2017 en Fortaleza.

Vi a miembros de mi estaca allí, vi gente que estaba conmigo en esta aceptación que soy un hijo de Dios y que no me juzgará solamente porque mi forma de amar es diferente, y lo mejor es saber que puedo vivir feliz y amar sin miedo .

Miro hacia atrás y todo lo que viví en el evangelio realmente me guió para ser aquel Rafael que estaba allí aquel día, todo conocimiento y experiencias que viví, me ayudaron a ser quien soy hoy, pero no significaba que yo estaba triste con el Padre Celestial. Saber que él realmente usó Afirmación para testificar que él vive y nos ama de la forma que somos, sin juicios, sin culpa y con mucho amor. Testifico que Dios nos ama de verdad. Que no seremos condenados por ser así. Porque Él nos creó así. En las escrituras él dejó bien claro, amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a ti mismo. Bien simple y directo, aquí no especifica creencia, color o sexo, prójimo significa cercano y todos los que viven aquí en la tierra somos el prójimo. Vi que toda aquella lucha era innecesaria, acepté el simple hecho de que el amor de Dios vence todo, incluso el de amar a alguien del mismo sexo.

¡Hoy soy feliz! Me casé oficialemente, vencí una depresión de años después de aceptarme como soy, me acepté como un hijo de Dios y vivo feliz día a día, soy una persona espiritual, aunque no sigo ninguna religión, pero estoy muy agradecido por lo que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días hizo por mí, hoy el conocimiento que obtuve allí me ayuda a entender muchas cosas, pero sin las corrientes de la religión, me siento libre y amado por Dios.

Leer la primera parte aquí: Vivo Feliz Día a Día 

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